La
señorita Matilde, un icono que trascendió
a la colectividad Árabe
Llegó
al mundo en el verano de 1921, más precisamente
un 26 de febrero como fruto de la unión de dos
libaneses: Rached Pezz y Rosa Duna José que le
dieron a esta tierra diez hijos.
Matilde
Rosa Pezz, la tía Matilde para todos, también
dejo este mundo en un verano, cuando expiraba la década
del 70. Solo que entre ambos aconteció su vida
signada por el amor, la generosidad, la magia de las
fuertes convicciones y una infinita capacidad para vivir
"a su manera".
Tenía
apenas catorce años cuando egresó del
Conservatorio de la Señora Lilí Ferrer
como Profesora de Música, Solfeo y Teoría.
De allí en más es casi imposible hablar
de la vida de Villa Ocampo, sino no hablamos de la "Señorita
Matilde", profesora de profesoras.
Estuvo
al frente del Conservatorio "Fracassi" por
más de cuatro décadas, atendiendo diariamente
a un centenar y medio de alumnos y alternando esta tarea
con su profesión docente. Perteneció al
grupo de PROFESORES FUNDADORES del Instituto "Gral.
Manuel Obligado" y de la Escuela Particular Nº
150, instituciones educativas en las que trabajó
hasta el momento de su muerte, ocurrida el 6 de diciembre
de 1979.
En
los albores de su carrera como Profesora del Conservatorio
"Fracassi", era habitual la celebración
de las entrañables "Audiciones", que
no eran otra cosa que verdaderos Conciertos ofrecidos
a la comunidad por sus alumnos y por ella misma. Una
fiesta del talento y del trabajo que aguardaban todos
por igual en el pueblo pequeño que era entonces
Villa Ocampo.
Por
ese histórico ámbito ubicado en el seno
de la vieja casona paterna, pasaron miles de ocampenses
y norteños que evocan esa etapa como la más
entrañable en sus vidas. Quienes hoy son médicos
prestigiosos, abogados, ingenieros, amas de casa, sacerdotes,
obreros, campesinos, en fin, personas de este mundo
en general, no pueden evitar el apuro de una lagrima
al evocar aquellos días de infancia o juventud
acontecidos al lado de la "Señorita Matilde",
profesora de música, la misma que les puso definitivamente
una banda de sonido a sus vidas a partir de las lecciones
de piano, del aburrido solfeo, del juego interminable
en el patio de la casa, de los paseos por su enorme
jardín, de la indescriptible ansiedad en el día
del examen o en la algarabía indescriptible de
la fiesta con la que cerraban el año de estudios.
Pero
la gran fiesta era la ceremonia del encuentro cotidiano
con ella. El infaltable beso de llegada y de partida
y, entre ambos, todo lo que puede dar la vida en términos
de goce por sus cosas simples.
Lo
mismo en el Colegio que nació, creció
y se hizo adulto con ellos. El piano desafinado y la
armonía total de la vida que acontece con referentes
como la "Señorita Matilde" que era
la profesora pero podía transformarse rápidamente
en la amiga, la madre o la voz de esa novia eterna que
hablaba a través de sus palabras.
Esta
"paisana" temperamental y dulce gustaba de
los placeres simples de la vida y podía gozar
con Vivaldi, Darienzo, con Rubén Durán
(su alumno) o una dramática carrera de caballos
en la que siempre ganaba porque solo apostaba a su pasión
por verlos en la cancha, desplegando su belleza agresiva
en al competencia leal.
Aunque
tenía una hermana (la otra fallecida los quince
años) aprendió a vivir en un mundo de
hombres y a sobresalir entre ellos a fuerza de coherencia
y respeto mutuo e inalterable.
No
se caso nunca, no tuvo hijos biológicos, perteneció
a una generación fundacional de ocampenses, le
puso el hombre a cuanto emprendió, nobleza hubo
en su tiempo. Su nombre es sinónimo de generosidad
sin limites y su casa fue siempre "la casa de todos".
Todos se sentaron a su generosa mesa y casi todos abrevaron
en la magia de su profesión musical. Su gran
vocación fue el amor por la vida con todo lo
que ello implica, aunque vivió menos de seis
décadas conviviendo con una cruel enfermedad
que soportó diez años sin confesarla y
si pronunciar jamás una sola queja.
Llego
al mundo en el verano del 1921 y se fue de él
en el verano del 1979. Entre ambos aconteció
su vida y modificó todo aquello que estuvo en
contacto con ella.
Después
de la "Señorita Matilde Pezz" quedo
en quienes la conocieron, una sensación de vacío
definitivo. Después de la experiencia de haberla
conocido, ya nada volvería a ser igual.
Acerca
de ella existen miles de anécdotas relatadas
por la miles de personas que compartieron en algún
momento su vida simple y mágica. Para comprender
mejor el fenómeno de esta árabe de raza,
nos comprometemos a recopilarlas y compartirlas.
De
nuestro colaborador en Villa Ocampo:
Ramón Pezz a quien agradecemos su colaboración
desinteresada para con nuestra publicación, en
la atención que nos dispensa cuando visitamos
su ciudad y no podemos dejar de mencionar a su hermana
y madre quienes nos hicieron sentir parte de su familia
en la visita que realizamos en el mes de octubre a la
ciudad de Villa Ocampo. Muchas Gracias.
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