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La tolerancia como credo
Fuente: Ruth Merino / rmerino@elnuevodia.com

Entregada a la causa de compatibilizar la cultura islámica con la cristiana, esta periodista, productora del documental “Inside Mecca”, se ha ganado el respeto profesional en Estados Unidos.


 

Anisa Mehdi coge el micrófono y exclama: “¡Bueno, creo que ahora voy a imitar un poco a Oprah Winfrey!”. Baja del podio y se acerca al público que se ha congregado en el Colegio de Abogados, en San Juan, para oírla.

“Necesito estar más cerca de ustedes”, explica. Alta, delgada, con ensortijado pelo rebelde y sonrisa cálida y espontánea, Mehdi derriba de esta forma la barrera que percibía entre ella y la audiencia. Su misión es precisamente acortar la distancia que la separa a ella, como musulmana, de la mayoría cristiana que la escucha.

Es una misión que ha definido su vida y su carrera. Mehdi nació en Estados Unidos, donde actualmente vive. Su padre, un iraquí musulmán, y su madre, una canadiense cristiana, le enseñaron a ella y a sus dos hermanas a apreciar sus respectivas religiones. “No nos indoctrinaron. Nos educaron y nos dieron la oportunidad de hacer nuestras propias decisiones en relación a la fe”, dice.

Estas tempranas lecciones de tolerancia la prepararon para una tarea que la apasiona y que considera urgente: establecer un puente entre los musulmanes y los creyentes de otras religiones. Mehdi ha escrito, producido y dirigido noticiarios y documentales para la televisión estadounidense y fue pionera en cubrir el movimiento político musulmán en los Estados Unidos, y los asuntos relacionados con las mujeres musulmanas. Actualmente preside su propia compañía de producción, Whetstone Productions, y es profesora universitaria de comunicaciones.

Invitada por la American Muslim Association of North America, el Centro para la Libertad de Prensa en Puerto Rico y el Colegio de Abogados, Mehdi visitó la Isla la semana pasada para ofrecer conferencias y presentar el documental que produjo sobre la peregrinación a La Meca, por el cual ganó un Emmy.

Al atardecer de un agitado sábado que comenzó en San Juan y terminó en Aguadilla, dialogó con El Nuevo Día sobre su papel como periodista de minoría en Estados Unidos, su religión y sus esperanzas de paz y reconciliación entre los pueblos.

“Mi trasfondo étnico y religioso a veces era una desventaja para mí, especialmente al principio de mi carrera. Se asumía que yo estaba prejuiciada a favor de los árabes”, cuenta.

Un ejemplo de esto ocurrió en 1983 en un canal de televisión en Boston. Beirut estaba bajo ataque de Israel, igual que hoy en día, y el productor ejecutivo le indicó que, por respeto a sus creencias políticas y a su posición como árabe-americana, la eximiría de trabajar en esa historia. En cambio, la asignó a cubrir la policía y las elecciones.

“Como era principiante, le dije ‘okey’, y luego me pasé una semana observando lo que ocurría en la redacción”, cuenta. Al cabo de unos días, le dijo al productor: “Sé que usted piensa que tengo prejuicios acerca del Oriente Medio. Y quizás los tengo. Pero, ¿por qué cree que mis colegas judíos no tienen prejuicios? Puede ser que sus prejuicios sean diferentes, ¡pero los tienen!”.

Le explicó entonces que había estudiado exhaustivamente la política del Oriente Medio y el productor admitió que posiblemente era la persona más competente para cubrir la historia. Y de ahí en adelante lo hizo.

Actualmente siente que se ha ganado el derecho a comentar lo que está ocurriendo, no solamente a reportarlo. A través de su trabajo informa sobre la cultura árabe y la diversidad y los fundamentos del islamismo.

Respecto a su fe, explica: “La mayoría de los ciudadanos de mi país, Estados Unidos, es cristiana, de manera que habría sido más fácil para mí practicar el cristianismo. Pero en mi corazón y en mi mente, prevaleció el islamismo. Mi religión enseña que hay un solo Dios, no hay división, no hay una trinidad, no hay una representación corpórea de Dios. Para mí, Jesús es uno de los más grandes profetas, pero no es Dios”.

Destaca también la humildad demostrada en las oraciones musulmanas. “Nos inclinamos hasta tocar el piso con la frente demostrando así nuestra devoción ante Dios, aceptando que somos pequeños, no insignificantes ni poco importantes, pero sí pequeños ante el Creador”, explica.

Actualmente hay 1,500 millones de musulmanes en el mundo entero; en 50 países están en mayoría. El Corán exhorta a los fieles a adorar a Dios y a ser justos, compasivos, castos, honestos, misericordiosos, pacientes, corteses y valientes. En este libro sagrado se establecen los derechos de los padres en la ancianidad, de los huérfanos y de los necesitados, así como los de las mujeres, un aspecto que Mehdi enfatiza en su conversación.

Señala, por ejemplo, que el Corán prohíbe el daño corporal. Esto significa, añade, que las mutilaciones de los genitales femeninos practicadas en algunos países en los que se practica el islamismo son contrarias a los fundamentos de la religión. Lo mismo ocurre con los ataques suicidas ya que el islamismo prohíbe el suicidio.

¿Cómo entender entonces la violencia de los grupos árabes que actualmente invocan su religión para justificar sus acciones?

Mehdi atribuye esta violencia a sectores extremistas que no solamente existen entre los musulmanes, sino también en otras religiones. “La gente asume que lo que escuchan y leen en los medios sobre estos extremistas es verdad y actualmente oyen hablar de un Dios violento, agresivo y lleno de odio”, dice.

Este no es el Dios que ella conoce y ama, añade. Explica además que existen razones económicas, de control de territorios y recursos, que están directamente relacionadas con las guerras. En sus presentaciones públicas alude, por ejemplo, a las pésimas condiciones de vida de los palestinos y a las violaciones de sus derechos.

“Lo que yo quisiera ahora es que las personas que viven en lo que llamamos Israel reconozcan que suplantaron a la población. Esto no significa que los que vivieron allí regresarán algún día, sino solamente que debe admitirse que hubo algo mal hecho. Y esto no niega la realidad de que también se han hecho cosas malas en respuesta a esa acción”, dice.

Una parte importante de su mensaje es que el cristianismo, el judaísmo y el islamismo son compatibles. Es consciente de que muchos culpan a la religión por la violencia, pero insiste en que en ciertos principios básicos -amor a Dios y al prójimo, respeto, tolerancia y compasión- están presentes en las tres y pueden cimentar la paz.

Es obvio que lo aprendido en el hogar paterno ha guiado sus pasos. Su padre, el doctor Mohammad T. Mehdi, era líder de la comunidad palestina en Nueva York. En 1967, él y su familia, incluyendo a su hija Anisa, entonces de 11 años, viajaron a Puerto Rico para estrechar los lazos con los árabes residentes en la Isla.

“Mi padre vino a hablarles únicamente a ellos y hoy yo me encuentro de regreso aquí para dialogar con todos, incluyendo a una mayoría de cristianos que me ha oído con curiosidad, interés y generosidad”, dice.

Al hablar de su vida, la define como “llena de bendiciones”. Su familia, que la acompañó a Puerto Rico, está formada por su esposo, que es cristiano, y sus dos hijas, que han sido criadas conociendo ambas religiones. Su fe musulmana y sus retos profesionales son, naturalmente, parte de esas bendiciones.

En el Colegio de Abogados, después de su conferencia y de la proyección del documental, el capellán musulmán Wilfredo A. Ruiz Cabán, director regional de la American Muslim Association of North America, invitó a los musulmanes presentes a subir a la tarima para orar.

El ritual se llevó a cabo ante un grupo silencioso y atento. Mehdi cubrió entonces su cabello oscuro con un pañuelo rosado y se unió a los que elevaban sus voces en árabe y se postraban de acuerdo con sus ritos.

Para muchos la escena era completamente nueva, pero su significado y valor para los que participaban en ella eran transparentes.



 
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