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Mujeres musulmanas en España,
entre el estereotipo y la realidad
Gema
Martín Muñoz - Fuente:
Gema Martín Muñoz
Cualquier
cuestión relativa a las mujeres musulmanas se
encuentra muy mediatizada e influida en España,
y el mundo occidental en general, por una percepción
social dominante muy rígida e inmóvil
que busca demostrar a través de "lo salvaje
que es el islam con las mujeres" las raíces
culturalistas de la incompatibilidad entre la modernidad
y el universo del islam.
El
tema de las mujeres en el mundo del islam es un tema
"fetiche" en nuestras sociedades, y la razón
de tan gran interés se basa más en su
vinculación "islámica" que en
un deseo por conocer realmente las diversas y diferentes
situaciones en que viven esas mujeres. Es decir, lo
que interesa es la representación de "la
mujer y el islam", o más bien "la mujer
víctima del islam", y la explicación
de su discriminación a través de teorías
culturalistas islámicas. Las mujeres musulmanas
son muy frecuentemente una "imaginería cultural"
vinculada al islam en vez de fuente activa de información
sobre acontecimientos de relevancia. De ahí que
lo que es siempre noticia es un acontecimiento vinculado
a símbolos de gran carga ideológica en
Occidente como el velo o el integrismo islámico.
Símbolos como la mezquita o el Corán son
representados como "enemigos de la mujer"
y no se acepta que la mezquita y el Corán pertenecen
también a las mujeres y a su universo mental,
o que éstas pueden incluirlos en la construcción
de su identidad de manera activa y positiva. La adhesión
consciente y deliberada de muchas mujeres a la identidad
islámica sin que ello suponga su aceptación
de la sumisión a los hombres, es un tabú
en nuestras sociedades. La mujer moderna que se afirma
como musulmana es a lo sumo reducida a una "observadora
obediente". De ahí que las mujeres vinculadas
a la identidad musulmana o directamente implicadas en
la militancia islamista, están mayoritariamente
ausentes de las noticias sobre "las mujeres en
el islam".
Así,
al analizar qué categoría de mujeres de
los países árabes e islámicos son
las representadas en los medios de comunicación
observamos la existencia de una interesante dualidad.
Como fuente de información activa se da una casi
exclusiva tendencia a seleccionar a mujeres occidentalizadas
o procedentes de los círculos "modernistas",
en tanto que en la representación fotográfica
predomina la imagen tradicionalista de la mujer velada.
La representación del velo es monolítica
y unidireccional: símbolo de la exclusión
y postergamiento de la mujer. Sin embargo, el carácter
multidimensional del velo (dependiendo de que cubra
la cara o sea un pañuelo en la cabeza) y la interpretación
plural de la vestimenta no forma parte del cliché
de la mujer musulmana. Mujeres que a ojos de las sociedades
occidentales son simplemente "víctimas de
la violencia machista del islam, o del integrismo islámico",
no quieren ser vistas bajo otros prismas y menos aún
como víctimas de la intolerancia occidental cuando
se les niega el derecho a usar voluntariamente ese símbolo
de identidad musulmana. Existe un bloqueo cultural en
nuestra sociedad para entender que el uso del pañuelo
en la cabeza no marca la divisoria entre la nueva generación
y la precedente, entre la que estudia y sale y la recluida,
entre la que se afirma y la que se somete; que son otros
factores, sobre todo su acceso a niveles educativos,
los que marcan esa divisoria.
En
conclusión, la imagen de las mujeres musulmanas
en los medios de comunicación y en la mentalidad
de nuestra sociedad europea se acopla sistemáticamente
al imaginario culturalista occidental y se le da la
orientación ideológica necesaria para
perpetuar dicha visión. Las mujeres están
frecuentemente llamadas a ilustrar un paisaje cultural
"previsto" que reconfirma el "paradigma
consensuaso en Occidente sobre el islam": distante,
pasiva, exótica, sometida, velada, reaccionando
a los acontecimientos en lugar de participando activamente
en ellos. Es una mujer impersonal y "comunitarizada".
En
el caso de las mujeres musulmanas se da un doble perjuicio,
fruto de la acumulación de dos alteridades, los
derivados de las diferencias que se establecen entre
los dos sexos a la hora del tratamiento mediático,
y los derivados de la arraigada ideología orientalista
con respecto a la cultura islámica. Así
la imagen occidental de la mujer musulmana personifica
la "alteridad" del género y la del
Oriente tal y como es visto por Occidente.
Esta
situación fomenta y perpetúa los estereotipos
negativos en las opiniones públicas y no hace
sino favorecer las amalgamas, perjudicar a la población
musulmana instalada en nuestro suelo, e incluso bloquear
a nuestras sociedades para ser útiles en su esfuerzo
de solidaridad con las mujeres musulmanas. Y así,
a veces, cuando creemos que las estamos ayudando a liberarse
lo que estamos haciendo es apoyar a los poderes autoritarios
responsables de su discriminada situación jurídica.
A veces, nuestro modelo occidental va tan por delante
que nos impide entender vivencias modernas que no necesariamente
tienen que venir transportadas por el tren del laicismo.
A veces, nuestro paternalismo nos lleva a compadecernos
de unas mujeres que lo que necesitan es que se les permita
definirse a sí mismas porque hasta ahora o se
las define desde Europa o se las define por regímenes
autoritarios. A veces se nos olvida denunciar la falta
de democracia cuando denunciamos la falta de igualdad
para la mujer musulmana, cuando en sus sociedades los
derechos les faltan a muchos, mujeres y hombres. A veces
sólo reconocemos como interlocutores válidos
a los que reproducen nuestra propia imagen cultural
o vestimentaria. Todo ello favorece la incomprensión
de unos y el radicalismo cultural e identitario de otros.
El
principio de la interculturalidad se basa en el necesario
conocimiento del Otro, tal y como es, no tal y como
queremos que sea. Y en este sentido, la representación
mediática de los temas relacionados con las mujeres
en los países musulmanes, sobrepasando lo que
sin duda es la legítima denuncia y necesaria
información sobre las situaciones de discriminación
inaceptables, son principalmente un instrumento a través
del cual se alimenta una orientación ideológica
que incide en el desprestigio de un mundo cultural enorme
y muy diverso. Así, se generaliza irresponsablemente,
se ocultan realidades multidimensionales, se ignoran
las dinámicas de cambio existentes, se seleccionan
los testimonios y los actores y se presenta el patriarcado
en el mundo musulmán como un caso extremo, inmutable,
casi exclusivo, y fruto de un determinismo cultural
irreversible. ¿Por qué no pensar que,
como en buena medida les ha ocurrido a los países
europeos, en las sociedades musulmanas el cambio social
y el desgaste de la estructura patriarcal dependen más
bien de la democratización, del desarrollo y
de la posibilidad que tengan esas sociedades para definirse
a sí mismas sin que tengan que definirlas desde
Occidente?
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