Recordatorios:
MALCOLM X (1925-1965)
Por:
José Steinsleger (especial para ARGENPRESS.info)
(Fecha publicación:24/2/2005)
Ella
es la encarnación del sueño americano',
dijo el senador George Allen, de Virginia, con motivo
de la designación de la afro-americana Condoleezza
Rice como nueva Secretaria de Estado, en reemplazo del
afro-americano Collin Powell.
Está
al servicio de su negrero, George W. Bush', dijo el presidente
de Zimbabwe Robert Mugabe, luego que la funcionaria incluyó
al país africano en la nómina imperial de
los malditos. ¿Sueño americano al servicio
de
negreros?
Revisemos los aspectos soterrados de ambas opiniones.
La prehistoria de la lucha negra en Estados Unidos empezó
con la resistencia a la esclavitud legal. Para asegurarse
el apoyo del sur, los negros fueron excluidos de la Declaración
de Independencia (1776) y la esclavitud tampoco fue abolida
por la Convención Constituyente de 1787.
Al
contrario, los doctores de la democracia y la libertad
discutieron la continuación del comercio de esclavos,
que proseguiría 'por 20 años más'.
A los fines de los impuestos directos, el negro fue
computado como 'tres quintos de hombre' (sic) y la concesión
de su ciudadanía quedó al arbitrio de
los Estados.
En
1861, las diferencias irreductibles entre el Norte industrial
y el sur esclavista llevó a una de las guerras
más sanguinarias de la modernidad, llamada por
los negros 'guerra de ricos y pelea de pobres'. Abraham
Lincoln proclamó la emancipación de los
esclavos y el Norte ganó la guerra. Pero en 1896,
la Corte Suprema de Justicia consagró la segregación
racial con la doctrina 'iguales pero separados'.
Entonces,
los acorralados 'ciudadanos' negros empezaron a formar
organizaciones y sectas de autodefensa y autoestima,
con matices de índole racial y religiosa. Una
de ellas fue la de los 'Musulmanes negros' (Black muslims),
dirigida por el orate Elijah Muhamad. Su primer templo
fue erigido en Detroit hacia 1930. Los black muslims
proclamaban la supremacía negra basándose
en una genética absurda y una versión
irreconocible del islamismo.
A
inicios de los años de 1950, los black muslims
se expandieron rápidamente en los ghettos de
las grandes ciudades del norte, y un joven proletario
que guardaba prisión por delitos del fuero común,
Malcolm Little, cambió el apellido dado por el
blanco por una simple 'X', convirtiéndose en
ministro y fervoroso partidario de los black muslims.
Cuando
en las urbes de Harlem, Rochester y Filadelfia los negros
'con traje de conserje' empezaron a echar fuego y arrancar
'con una cuchara los ojos de los cocodrilos' (García
Lorca), Martin Luther King denunció desde la
prisión de Birmingham: 'Los Black Muslims se
nutren de la frustración contemporánea
ante la dilatada existencia de la discriminación
racista' (1963).
Las
urbes ardían y la voz de Malcolm X fue oída
por millones de negros: 'La hora del hombre blanco ha
terminado. Las soluciones parciales no lo ayudarán...quizá
pueda lograr que el Señor se decida a darle unos
pocos años más al demonio blanco' (entrevista
con el escritor Louis E. Lomas).
En
1964, guiñándole un ojo al poder imperial,
el liberalísimo New York Times publicó
un editorial en el que decía: '...si el doctor
King se convence de que ha sacrificado diez años
de brillante liderazgo, se verá forzado a revisar
sus ideas y sólo hay una dirección que
puede tomar: la de Malcolm X'.
El
líder se dio una vuelta por los países
de Africa y Asia que luchaban contra el colonialismo
y, al retornar a Estados Unidos, su pensamiento, discurso
y filosofía pegó un giro radical. 'Nos
dijeron que usted ha cambiado', le dijo un periodista.
Malcolm X respondió:
'¿Cómo
es posible que un hombre blanco pueda esperar la transformación
de un hombre negro antes que él se haya transformado?
Es verdad, soy un musulmán, y creo en la fraternidad
de los hombres. Pero mi religión no me hace tonto.
Mi religión me obliga a combatir todas las formas
de racismo'.
Para
el poder real fue demasiado: líder natural con
millones de seguidores, negro, pobre, ex convicto, agitador,
orador lúcido, militante revolucionario, islámico
y, para colmo, antiimperialista.
De
modo que cuando el 21 de febrero de 1965 Malcolm X fue
asesinado por su ex coidearios racistas, el 'establishment'
se limitó a condenar la 'violencia', y luego
asesinó a Luther King, partidario de 'la no violencia'
(1968) y premio Nobel de la Paz 1964.
Decía
Malcolm X: 'Si me ofrecieran el premio Nobel me suicidaría.
Sabría que algo marcha mal. Por esto me cae tan
simpático ese francés, Sastre, que lo
rechazó'.
Decía
también: 'El poder sólo retrocede ante
la presencia de un poder mayor... Está en la
naturaleza del poder retroceder sólo en presencia
de un poder mayor. Y de esto se han dado cuenta los
pueblos del sureste de Asia, del Congo, de Cuba y otras
partes del mundo'.
Malcolm
X fue profético: 'Sí, cada año
discurren un truco nuevo. Van a tomar a uno de sus muchachos,
de sus muchachos negros, y los depositarán en
el gabinete para que pueda caminar con un gran puro,
brasa en punto y un tonto en la otra'. En lo único
que se equivocó Malcolm X es que después
de un muchacho, el imperialismo eligió a una
muchacha que, además, no fuma.
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