EL
DESPERTAR DE UN AYER OLVIDADO
Breve
comentario del libro: "AL
ANDALUZ - 500 AÑOS DESPUES". Carmen Ruiz Bravo
-Villasante.
El legado inmaterial que Al -Andalus dejó
en España es tan profundo e impresionante como
sus tesoros artísticos. Está ahí,
en nuestra experiencia histórica colectiva, porque
es un componente vivo de nuestra forma de percibir la
realidad.
Al Andalus es un hermoso nombre que designa
el espacio geocultural y político, hispano-árabe.
En
sus tiempos de mayor amplitud geográfica comprendió
el sur de Francia, noroeste y oeste peninsulares-Cataluña
y Portugal, además de los Baleares y algún
lugar en la costa magrebí.
En
su época de menor extensión ( del siglo
XIII al XV) quedó reducido al
Reino
de Granada.
Al
Andaluz ha sido una realidad duradera y dinámica,
un sistema de tanta trascendencia para el conjunto hispánico
que probablemente constituya su experiencia histórica
más importante.
La
progresiva merma geopolítica del estado hispanoárabe
no supuso la desaparición de sus pobladores,
ni de sus estructuras sobre el territorio.
Medina,
que significa ciudad, alcántara, puente y cientos
de palabras con las que nombramos y designamos nuestros
poblamientos son testimonios de que la vida y la cultura
prevalecen sobre la destrucción.
Es
entretenido, curioso e instructivo estudiar las palabras
árabes de nuestro idioma, nombres comunes de
uso diario o especializado como azucar, alcoba o cifra.
El
legado no material de Al Andaluz es dificil de mostrar.
La forma de reconocerlo es a través de la reflexión
y observación de nuestros componentes culturales,
contrastándonos por ejemplo con los de la civilización
árabe islámica de aquellos siglos pasados
e incluso de la actualidad.
La
espléndida arquitectura en ladrillo de la Mezquita
- Universidad medieval de Al-Mustansiriyya, en Bagdad,
que cuenta con salas dedicadas a biblioteca, nos evoca
otros monumentos andalucíes.
Los
moriscos, aquellos españoles perseguidos, guardaban
los libros en árabe en lugares insospechados.
Al
hablar de lo hispano-árabe aludimos con ella
a la civilización árabe-islámica
que fue tan bien acogida por la población hispana,
a la lengua, instituciones, religión y costumbres
que se difundieron desde el siglo VIII con gran rapidez,
llegando en muchos aspectos a los territorios vecinos
de Al Andalus.
Así
Al Andalus fue una realidad hispano-árabe, porque
en mucha de sus manifestaciones materiales y en sus
componentes culturales, linguísticos, intelectuales
y emotivos se arabizó.
Pese
a las derrotas militares y políticas, pese a
ver su nombre sumido en el olvido, la lengua árabe,
el Islám y la cultura hispano-árabe siguió
viviendo en la población portuguesa y española,
morisca o no, y en la población del Magreb, vecina
y mantenedora de una cultura andalusí.
Cuando
Al-Andalus se redujo geografica y políticamente,
buscó la manera de permanecer en sus pobladores.
Historiadores
de la ciencia, el pensamiento y la filosofía
han subrayado las diversas facetas desarrolladas por
los andalusíes en estos terrenos y los resultados
obtenidos por su actitud curiosa y abierta a la experimentación
y la polémica.
Al
historiador, la medicina, la teoría política,
las tradiciones jurídicas, la teoría del
lenguaje, las ciencias experimentales, las matemáticas
y la farmacia se van reconociendo que en sus logros
participó la tradición andalusí.
Lo
que el patrimonio hispano-árabe nos ha dejado
es la capacidad de admitir como conciudadanos a gente
de distinta religión y costumbres. En época
moderna esa tolerancia, de raíz islámica
y humanista, debería recuperarse y perfeccionarse.
El modelo andalusí brilla tanto como nos abruma
la ofuscación de quienes expulsan,discriminan
y despojan de sus bienes culturales a poblaciones minoritarias.
No hay que convertirlo en una utopía. Así
Al-Andalus podrá reconocerse en nosotros.
Carmen
Ruiz Bravo- Villasante. de su libro: 500 años
después.
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