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Entrevista
a Jorge Antonio
Sin
lugar a dudas, Jorge Antonio,fué uno de los hombres
más cercanos al Gral Juan D. Perón.Amigo,confidente
y consejero.Hijo de árabes y uno de los puntales
de un pasado que se sostiene con patriotismo e hidalguía.
Para
nosotros , es un honor incluir esta entrevista, en este
sitio árabe.
Autor:
Felipe Pigna. Revista Noticias, Enero 2004.
¿Cómo
conoció a Perón?
En
el 43, pero lo empecé a tratar a partir de 1949.
En el 43 lo había conocido accidentalmente en
una reunión social, pero no había tenido
mayor trato con él. Yo trabajaba en una empresa
llamada Aguirre, Mastro y Compañía, éramos
representantes de General Motors y Mercedes Benz. En
1949 lo veo a Perón y le digo que queremos iniciar
un proceso de industrialización en el país
fabricando camiones, que teníamos proyectada
la planta y que yo quería que él recibiera
al presidente de la empresa junto con el embajador alemán,
que estaban interesados en respaldarme. Vino el representante
de la Mercedes, el Barón von Korf; él
lo recibió, le dio todo su apoyo moral, y les
dijo que en el país podían tener toda
clase de seguridades.
¿Cuándo
vio por primer vez a Evita?
La
primera vez en el 49. Fuimos a hacer una visita protocolar.
Después la traté bastante en el año
51, cuando trajimos una cantidad de automóviles
que ella distribuyó entre los taxistas. Hubo
una licitación para traer automóviles.
Estaba prohibida la importación en ese momento,
y se presentaron los importadores normales. Todos pedían
poco: 50, 60, 100 el máximo. Nosotros nos presentamos
y pedimos 5.000. Nos otorgaron el permiso, pero teníamos
que conseguir las divisas, para lo cual salimos a recorrer
el mundo y las conseguimos.
¿Y
cómo las consiguió?
Ofreciendo
participación en las ganancias de las importaciones.
El dólar, en esa época, estaba a 14 pesos.
Nosotros ofrecíamos 7 pesos más, a 21,
y vendíamos los coches a 40. Por supuesto que
había que pagar impuestos y flete y un montón
de cosas más. De todas maneras era un buen negocio.
¿Y
cómo siguió su relación con Perón,
más allá de lo estrictamente profesional?
Bueno,
después de eso se generó una gran relación,
ya nosotros trascendimos...nos dedicamos a la exportación
de cereales, y tuvimos un gran éxito. Competíamos
con las empresas multinacionales: Bunge & Born,
Dreyfus y Continental de Granos eran nuestros enemigos.
Mejor dicho, yo fui el enemigo de ellos. Nosotros teníamos
menos burocracia y dependíamos de nosotros mismos.
Estábamos vinculados al IAPI. Nos presentábamos
en sus licitaciones y las ganábamos todas. Le
dimos bastantes dolores de cabeza a Cafiero, porque
Cafiero, que era ministro de Comercio, no quería
quedar mal con los exportadores foráneos, pero
nosotros le ganábamos.
¿Él
quería favorecer a otras empresas?
Él
no quería quedar mal con otras empresas. Él
tenía relación con otras empresas y quería
apoyarlas.
¿Pero
qué tipo de relación? ¿Comercial
o de amistad?
Digamos
amistad...
¿Algunos
le tenían miedo al obrerismo de Perón?
Había
como una especie de duda con respecto al proceso obrero.
Nosotros nos asociamos con los obreros y promovimos
su participación en las ganancias y en las sociedades.
Creamos una organización en la cual los obreros
y empleados eran socios nuestros.
¿Cómo
era ser un patrón peronista?
Tener
sentido de solidaridad. Era creer en el país,
y apoyar a la gente para que la gente nos apoyara a
nosotros. Y obtuvimos resultados extraordinarios. La
gente vivía feliz, vivía contenta. Hicimos
un plan de viviendas, ahí en González
Catán, donde está la fábrica de
Mercedes Benz. Primero hicimos 300 casas pero cuando
vino la Revolución Libertadora cerró
la fábrica, suspendió el plan de viviendas,
les quitó las casas a los obreros y las repartió
entre suboficiales y funcionarios del gobierno.
¿Y
cómo siguió en ese período su relación
con Perón?
Fue
en aumento. Él me tenía más o menos
como su consejero. Un hombre de consulta, para muchas
cosas me consultaba.
¿Qué
sabe de la relación de Perón con los nazis
fugados?
Él
no tenía relación con los nazis. Él
tenía relación con el embajador aleman
y con los alemanes. Tenía una gran relación
con Freude. Y Freude defendía mucho a los alemanes,
en un principio defendía a los nazis que venían
o que pretendían venir, o que inclusive se habían
llegado ya a hacer contacto con la Argentina porque
esto había empezado mucho antes de que terminara
la guerra.
¿Y
a usted lo tentaron o habló con gente de los
nazis?
Entró
a trabajar en mi organización un montón
de gente, entre ellos Adolf Eichman.
¿Entró
con el nombre falso de Ricardo Clement?
No,
todo el mundo sabía perfectamente que era Adolf
Eichman y figuraba en la Mercedes-Benz como Eichman
desde 1949 hasta que lo detuvieron en 1960. A nadie
le molestaba, nadie se ocupó de él. Pero
no estaba él solo había 36 alemanes casi
todos ingenieros o contadores principalmente ingenieros.
Era una de las condiciones que los alemanes me ponían:
que tomara el personal que ellos me proponían.
Todos tenían pasaportes españoles o portugueses.
Otorgados
por la famosa red de los conventos ideada por Pio XII
y manejada en Argentina por el cardenal Caggiano
Seguramente.
¿Y
qué sintió cuándo se enteró
de todos los crímenes cometidos por ese hombre
que había trabajado en su fábrica?
Pensé
que era una monstruosidad lo que había hecho
Eichman, pero pensé también que era la
guerra y él no hacía más que cumplir
órdenes.
Se
habla mucho de la corrupción del peronismo.
No
había corrupción. En el peronismo no hubo
corrupción.
¿Usted
puede afirmar que Perón no era corrupto?
No,
segurísimo. Yo tengo las pruebas determinantes,
nadie puede tener más pruebas que yo para eso.
Yo nunca tuve un pedido de coima de ningún ministerio,
pero tuve algunos problemas serios con el mismo Cafiero
y con Gómez Morales.
¿Qué
tipo de problemas?
Me
ponían chicanas. Nosotros nos presentábamos
a alguna licitación y siempre había algún
pero. Ellos tenían sus relaciones, tenían
sus amistades, sus vínculos, y lógicamente....Eso,
al principio. Al final, no. Al final, me respetaban
mucho.
¿Qué
pasó con Cafiero?
Yo
era una institución en el país y la gente
sabía que tenía predicamento ante Perón.
Pero yo tenía una realidad que era una industria
espectacular que estaba naciendo en forma arrolladora.
Fabricábamos camiones, fabricábamos tractores
y Cafiero me boicoteaba con todo. Teníamos una
exportadora que ganábamos todas las licitaciones,
nos presentábamos y las ganábamos todas
pero no porque nosotros fuéramos mejores sino
porque éramos más hábiles. Teníamos
una organización moderna con poca gente, muy
fluida. Las organizaciones como Bunge-Born, Dreyfus,
eran unos gigantes con unos costos y unos gastos espectaculares.
Nosotros teníamos poco gasto, teníamos
nuestra representación en Nueva York, en Frankfurt,
en París con dos personas en cada país
y funcionábamos espectacularmente bien y a Cafiero
eso no le gustaba.
¿Y
con Juancito Duarte, el hermano de Evita?
Lo
conocí. Muchas veces dijeron que había
sido socio mío. Nunca fue socio mío ni
cosa por el estilo. Solamente una vez me pidió
tres autos para tres señoritas: Carmen Idal,
Elina Colomer y Fanny Navarro. Eran sus amigas y él
los pagó. Me pidió que se los vendiéramos
baratos. Se los vendimos al 50 por ciento del valor
de esa época. Y nos mandaron un cheque por esos
valores.
¿Quién
le mandó el cheque?
La
Secretaría de la Administración de la
Presidencia.
O
sea que ése sí fue un caso de corrupción...
Si
quiere llamarlo así... Pero Juan Duarte se cuidaba
muchísimo, él tenía un terrible
cuidado por su hermana. Porque todo lo que él
podía hacer repercutía en la relación
de su hermana con el Presidente. Tal vez más
abajo alguna cosa podía haber.
¿Y
la muerte de Juan Duarte?
Estaba
muy enfermo.
Tenía
sífilis...
Tenía
sífilis. Se había hecho un tratamiento
para adelgazar, había adelgazado mucho y la sífilis
se lo había agravado. La muerte de la hermana
le produjo un impacto. Él y la hermana eran una
simbiosis, eran demasiados amigos para ser hermanos.
Lo
que resultó muy sospechoso fue su suicidio.
Muchos dijeron que, al no contar ya con la protección
de Evita, Perón se lo sacó de encima.
Se
sospecha, se sospecha. Hasta dijeron que lo habían
matado en la residencia y que lo llevaron después
a la calle Callao donde él vivía. Yo no
creo, yo creo que él se suicidó.
César Fernández Albariño, conocido
como el Capitán Gandhi, miembro del aparato represivo
de la Libertadora, apareció un día en
el panteón de los Duarte, hizo abrir el ataúd
de Juancito por un especialista que perforó la
envoltura de plomo y a continuación el mismo
Capitán, con un cortafierro y un martillo, seccionó
la cabeza, la envolvió en un papel de diario
y se la llevó a su despacho con la excusa de
hacer una pericia balística.
¿Cómo
fue la última etapa del gobierno de Perón?
¿Cómo la vivió usted?
La
viví muy intensamente porque en esa época
yo era una especie de ministro sin cartera. Se me consultaba
para muchas cosas y percibí que había
un bajón, no un bajón fuerte, pero un
bajón. La muerte de Eva fue para el General un
golpe terrible. Se sintió más solo.
Se
sentía la ausencia de Evita...
Había
una gran diferencia. Por ejemplo, el espíritu
de lucha de ella era una gran realidad. Ella luchaba
y lo apoyaba a Perón en todo y tenía un
gran poder de decisión. Actuaba con coraje, con
un gran espíritu de sacrificio, con seguridad
absoluta de lo que hacía. Era totalmente auténtica,
totalmente auténtica, más auténtica
que Perón.
¿Y
por qué más que Perón?
Porque
Perón era un político, un gran político.
No se conmovia. Eva se conmovía y sufría,
y sufría por los pobres, y sufría por
los necesitados, y sufría por los niños,
y sufría por los viejos. Y así se mató.
Así se murió pobrecita sacrificándose
por todos ellos.
¿Hasta
qué punto Eva influía en Perón?
Influía,
influía. Pero sin lugar a duda, si hablamos de
quién influía a quién, le diré
que influía más Perón en Eva que
Eva en Perón. Era una mujer impresionante. Cuando
recibió al embajador de España en el `47
que era el Marques de no se cuanto.... Lo cita y lo
hace esperar, lo hace esperar una hora porque la noche
anterior él le había dado una cena a las
señoras que formaban la sociedad de beneficencia.
Era su pequeña venganza. Ella no perdonaba.
¿Cómo
era la relación con Perón?
Muy
respetuosa y cariñosa. Ella vivía enamorada
de Perón, y Perón a su manera estaba enamorada
de ella.
¿Por qué el Ejército se opuso a
la candidatura de Evita?
Yo
era muy amigo de Lucero, el ministro de Guerra, y un
día me dijo: Mire, Jorge Antonio, a usted
el Presidente lo escucha mucho y sería importante,
que le hiciera llegar nuestra preocupación, la
de los amigos de él, porque se habla de la candidatura
de la señora para vicepresidente. Eso va a caer
muy mal en el Ejército y a mí me cuesta
un trabajo bárbaro parar eso. Yo le dije:
No me puedo meter en eso, se trata de una cuestión
política y yo odio la política. No me
gusta la política. Yo soy un industrial. Soy
un hombre de empresa. De todas maneras, le agradezco
la confianza que me dispensa, pero no me voy a meter
en eso. No opinaré. Y no opiné.
¿Y
usted qué opinaba?
Yo
opinaba que las dos cosas eran una monstruosidad. Tanto
que Evita fuera candidata porque yo ya sabía
que ella estaba muy enferma- como que se opusieran a
ello sus propios pares.
¿Qué
odiaba de evita la oligarquía?
Todo.
Todo su ser. La envidiaban, por supuesto; envidiaban
su juventud, su posición, su audacia, porque
ella poseía esas cualidades.
¿Usted
se acuerda de la sublevación de Menéndez?
¿Por qué Perón lo perdona cuando
Evita lo quería fusilar?
Ella
quería el escarmiento pero la mayoría
de los generales se opuso. Lucero mismo, que era amigo
de Perón, se opuso al escarmiento y bregó
por el perdón, es decir, por la cárcel.
Fueron a Río Gallegos donde nosotros estuvimos,
les hicieron un pabellón muy cómodo. Estuvieron
detenidos ahí cuatro años y después
fuimos a parar nosotros al mismo lugar.
¿Por
qué Evita no fue vicepresidenta?
Porque
no la dejan los militares. Fueron y le impusieron a
Perón de que no podía ser. Eva se pelea
pero le duela, le duele, le duela terriblemente, y ella
vislumbra que son los militares. En esos días
los militares, no paraban de tener entrevistas con Perón.
La negociación fue dura y fue amplia, llevó
muchos días.
¿Usted
lo vio realmente conmovido a Perón cuando Evita
estaba enferma ? ¿Él lo sentía?
Sí,
si lo sentía y lo sintió mucho toda su
vida. Una vez me hizo una confesión me
dice- usted sueña mucho Jorge le digo-
sueño a veces, no mucho pero sueño a veces.
A mí me pasa una cosa terrible me dice-
sueño todas las noches con Eva, no sueño
con Isabel sueño con Eva siempre sueño
con Eva y yo le dije- eso es muy bueno, es auténtico,
eso habla a favor suyo presidente.
¿Usted
por qué cree que comenzó el conflicto
con la iglesia?
No
existió un conflicto con la iglesia. Existió
conflicto con algunos curas principalmente con Tato
y Novoa.
Porque ellos dos fueron los que iniciaron todo el proceso
contra Perón. Yo era muy amigo de monseñor
Copelo. Y él vivía una preocupación
constante por Novoa y Tato. Más de una vez me
llamó y me pidió que intercediera ante
Perón para que no tomara las ofensas de estos
dos hombres como las ofensas de la gente de la iglesia.
Y yo le decía.... pero hable usted con
Perón, tiene que hablar usted personalmente si
usted tiene cabida y Perón lo respeta muchísimo.
Así, de eso surgen tres o cuatro reuniones con
Copelo y la cosa se suaviza un poco. Pero después
Tato y Novoa se enloquecen. Pero vea las vueltas del
mundo como son.....en el año `62 vienen Tato
y Novoa a Madrid y me vienen a ver para pedirme que
les consiga una entrevista con Perón que querían
pedirle disculpas por lo que habían hecho.
¿Y
usted que hizo?
Yo
le dije mire, le digo yo... Perón -les digo yo-
tiene tal grandeza que es capaz de recibirlo, pero yo,
si estuviera en el lugar de él, no los recibiría.
Y dicen pero usted haga la gestión que si usted
lo hace nos va a recibir le digo- sí, mañana
a las cinco de la tarde vengan acá a mi oficina
que el general los va a recibir. Le consulté
a Perón y me dijo - Sí, como no con mucho
gusto Jorge dice- pero a estos les voy a cantar
las cuarenta. Textuales palabras de Perón.
¿Se
encontraron?
Sí,
si, si se encontraron y Perón le dijo a Novoa
que llevaba la voz de mando Esto que me vienen
a decir a mí, yo ya lo conocía.
Eso monseñor le dice- no me lo tiene que
venir a decir a mí porque yo lo conozco. Vayan
a la Argentina y en una homilía o en una misa
díganlo pero díganlo ustedes a voz en
cuello. Díganlo en Buenos Aires, díganlo
en Santa Fe, en donde tengan ustedes vigencia pero no
me lo vengan a decir a mí porque este es un cuento
que yo conozco perfectamente bien. Les acepto las disculpas
y aquí no ha pasado nada, conmigo no ha pasado
nada, pero eso lo tienen que decirlo ustedes en la Argentina.
Los dos se comprometieron a venir a la Argentina y a
coordinar con la gente directiva del peronismo acá
para hacer algunas gestiones, que no nunca las hicieron.
¿Cómo
vivió los bombardeos del 16 de junio de 1955
y la caída de Perón?
El
16 de junio a las 3 de la tarde fui a visitar a Perón
al tercer piso del Ministerio de Guerra y le pregunté:
Señor, ¿está bien o está
preso?. Y me contestó: Jorge Antonio,
estoy bien, entre camaradas, pero no sé lo que
pasa en la calle. Hay mucha gente herida
y muerta, le dije. Fíjese que terrible.
¿Por qué no terminaron directamente conmigo?
Solamente unos paranoicos o degenerados mentales han
podido inmolar así tantas vidas inocentes,
contestó.
Y después vino el golpe definitivo. El 16 de
septiembre de 1955 Perón me manda a buscar. Estaba
en la residencia, acá en Libertador. Mire,
Jorge Antonio, lo que ha pasado; quieren una guerra
y nosotros no podemos hacer una guerra así. Yo
me voy a ir. Y usted ha estado muy ligado a nosotros
y es una representación de lo que es la industria
del peronismo. Usted se ha destacado y lo van a perseguir
y no la va a pasar bien. Si yo me voy, lo invito a que
se venga conmigo. Y yo le dije: No, General,
yo le agradezco muchísimo, pero me quedo acá
y aguantaré las consecuencias. No tengo nada
que ocultar, no tengo nada que temer.
Pero ellos no lo van a considerar así.
Lo van a considerar como el brazo derecho mío
en lo industrial y en muchas otras cosas, me respondió.
Ya se sabía que yo era un hombre de consulta.
Me quedé y al otro día que él se
fue informaban por radio que me iban a detener, y yo
fui y me presenté, y me detuvieron.
Y
de ahí al sur, ¿no?
A
un barco, donde estuve 17 días, y de ahí
a Ushuaia; a la penitenciaría primero, donde
estuve un mes de rigurosísima incomunicación.
Después nos llevaron a Río Gallegos con
otros 16, entre los que estaban Gómez morales,
Cereijo, Méndez San Martín, Gamboa, Nicolini,
Aloé, Cámpora, Cooke, Kelly y yo. Ahí
estuve unos dos años hasta que me fugué,
me llevé cinco conmigo y me fugué a Chile.
Yo ya estaba cansado de estar preso y sin causa. No
tenía ninguna causa abierta. Todo eran suposiciones.
Era todo perfecto, éramos de los primeros en
pagar impuestos en el país, sin lugar a dudas....por
más investigaciones que hicieran. Quemaron una
casa en mar del Plata que era mía, intervinieron
mi casa, donde vivía con mi familia, se llevaron
todas las cosas que había, la saquearon. Bueno,
intervinieron todas las empresas. Algunas las anularon,
otras las vendieron, otras las mantuvieron cerradas
durante cuatro años. Mis cuentas bancarias fueron
confiscadas. Y en el exterior yo no tenía cuentas.
Era demasiado iluso. Así que por más que
buscaron no encontraron nada. Nosotros no teníamos
necesidad. Teníamos una trayectoria demasiado
clara, abierta, para tener prejuicios, para tener preocupaciones.
¿Usted
lo conoció a Rojas?
Nos
visitó en Ushuaia cuando estábamos presos.
Para molestarnos. Era un mal tipo. Había sido
agregado militar, agregado naval de Perón en
Brasil y Uruguay. Tenía la medalla de honor justicialista
que se la había entregado Espejo en Puerto Belgrano.
Y le había escrito una carta a Eva pidiéndole
que lo nombrara agregado naval en Montevideo porque
estaba vacante, y él desde Brasil podía
ocupar los dos puestos. Y Eva se lo consiguió.
Creo que los muchachos se equivocaron de persona cuando
mataron a Aramburu.
¿Lo
tendrían que haber matado a Rojas?
Claro.
¿Y
qué sintió cuando Menem le da un beso
a Rojas?
¡Asco!
Me llamó el secretario de él Miguel Angel
Vico y me dijo: Venga que se va a llevar una sorpresa
voy y me dice- sabe con quién está
el presidente no? -No lo sé ni me interesa. Está
con Rojas. Le digo- no lo puedo creer. dice- Sí,
dentro de un ratito se va a ir. Y al ratito se fue Rojas
y Menem dice: Pase, pase. Usted no tiene vergüenza
le digo- señor presidente cómo puede
recibir usted a semejante monstruo, tenga un poco de
respeto por los muertos, tenga un poco de respeto por
todos nosotros. La política es la política
Jorge me dice- esto es lo que hay que hacer. Tenemos
que terminar con los odios.
¿Cómo
fue aquella visita de Rojas?
Al
único tipo que visitó fue a mí,
es decir, la única celda que hizo abrir. Y fue
él, estaba con copas encima. Fue él con
López de Bertorano que era el comandante de Ushuaia,
abrieron la celda y me dice párese
Yo no me paro y le digo ¿qué, si
no me paro me va a meter preso? (risas) Y me dijo:
Usted se va a pudrir acá adentro porque usted
está maltratando a los oficiales, y los está
tratando de carceleros y son oficiales, y debe de tratarlos
como oficiales. Yo le contesté aquí son
carceleros y los seguiré tratando como arceleros,
y cuando me canse de estar aquí me iré.
Ya me iré de alguna manera pero me iré.
y dice- No me haga reir, se va a pudrir acá
adentro. Al poco tiempo me fugué.
¿Y
cómo fue la fuga?
Me
dice el mayor: La mejor manera de fugarnos es
llevarnos al jefe de guardia del penal. Le dije:
Tenemos que irnos con cuatro o cinco. Tenemos
que hacer una fuga política. Una fuga que produzca
un impacto. Cuando llegó el día
de la fuga y el auto que venía a buscarnos se
demoraba, Cámpora dijo una frase famosa: Jorge
Antonio, ¿por qué no nos fugamos otro
día?. Pero lo convencimos y nos fuimos
con Cooke, Kelly y otros compañeros.
¿Cómo
eran las relaciones con la resistencia peronista a partir
de ese momento?
Las
llevaba Cooke. Cooke tenía una gran relación
con la resistencia. Yo tenía una gran relación
con Perón.
¿Qué
relación tenía Perón con Cooke?
¿Le creía o lo usaba?
Lo
usaba. Le tenía mucha desconfianza. La ideología
de Cooke perturbaba a Perón. Perón no
era comunista ni parecido. Y Cooke, su tendencia era
bien a la izquierda. Perón usaba a los hombres
de acuerdo a las circunstancias y de acuerdo a su estrategia.
Él llevaba una estrategia de alto vuelo.
Está
confirmado que Perón recibió dinero por
el acuerdo con Frondizi, el famoso pacto Perón-Frondizi,
por el cual el General ordenaba a los peronistas apoyar
a la UCRI. ¿Se sabe cuánto?
Le
llevaron 85.000 dólares a Perón. El propio
Frigerio se los llevó.
Yo no quería el pacto, Cooke lo impulsaba. Yo
no quería el pacto con los radicales porque sabía
que nos iban a traicionar. Era lógico que nos
traicionaran. Lo que querían era llegar al poder
y una vez que estuvieran en el poder, iban a pactar
con los militares o los militares iban a presionar sobre
ellos de tal forma que no cumplieran ninguna de las
promesas con nosotros. A mí Perón me dio
una explicación... mire Jorge me
dijo- si cumplen bienvenido sea, la próxima vez
seremos nosotros los que mandemos en el gobierno. Sí,
yo seré presidente otra vez. Y si no cumplen,
porque los militares no los dejan, porque seguramente
no los van a dejar o los van a voltear, entonces vendrá
otra etapa nueva y estarán los militares otra
vez y estos caerán, de eso no tenga duda. Pero
mientras tanto pasa el tiempo le dije yo- qué
prisa tenemos Jorge me dijo- no tenemos prisa,
yo tengo más años que usted y tengo menos
prisa. Con tal que se den las cosas como las veo yo,
en las circunstancias que las veo, no tenemos que apurarnos.
Déjelos. Yo no creo que Frondizi cumpla con nosotros
pero la oportunidad del pacto dice- es una oportunidad.
Es una oportunidad de que nosotros hemos tenido grandeza,
nos hemos prestado a la solución de los problemas
que afectan al país. Los militares no van más.
Los radicales si llegan a subir, llegan a ganar las
elecciones ellos con Balbín para ser sirvientes
de los militares. Era lo lógico. Él
lo veía con una claridad meridian. (¿?)
Por
aquellos años usted participó del episodio
del secuestro de Juan Manuel Fangio en La Habana...
Así
es, así es. Fangio fue raptado saliendo del hotel
cuando estaba conmigo en el año `58. Yo lo acompaño
a la puerta del hotel y él sale caminando. Él
vivía en un hotel más chico a dos cuadras
del nuestro. Yo veo que se le acercan tres o cuatro
personas e iban conversando. Yo pensé que eran
admiradores y no... lo estaban raptando. Lo raptaron,
lo llevaron, lo trataron muy bien y me mandaron un mensaje
a mí que me quedara tranquilo que a Fangio no
le pasaba absolutamente nada, que era una cosa para
desprestigiar al gobierno de Batista.
¿Usted
compró la casa de Puerta de Hierro?
El
terreno lo compro yo y después él se hace
la casa. Era muy barato. Costó 100 mil pesetas
el terreno y la casa 800 mil pesetas y se vendió
en una millonada de dólares, exactamente 43 millones
de dólares.
¿Por
qué eran tan malas las relaciones entre Franco
y Perón, fue a raíz del conflicto con
la Iglesia?
Efectivamente.
Franco le escribe una carta a Perón a finales
del `54. Era embajador.... Manuel Aznar el abuelo del
actual presidente qu epor entonces vivía aquí
con su abuelo. Aznar era íntimo amigo mío,
teníamos una amistad de vernos dos o tres veces
por semana con la señora. Entonces un día
Aznar me llama y me dice Jorge tengo que cumplir
una misión terrible. Tengo una carta para Perón
que no me gusta nada. Más o menos decía
así Querido presidente y amigo, veo con
preocupación los problemas que hay en la Argentina,
su país, con la gente de la iglesia, tema que
conozco en profundidad. Le ruego encarecidamente autorizarme
hacer las gestiones necesarias para solucionar ese problema.
-yo le dije a Aznar- no la presentes, no se la lleves
a Perón porque es una carta de entrometerse en
las cosas que están picantes en el país
y dice- lo tengo que hacer Jorgito, yo soy el
embajador. Pidió la audiencia y se la llevó
a Perón y se la entregó. Perón
al otro día me llama por teléfono, el
secretario y me dice- el general lo está
esperando dice- Jorge véngase enseguida
voy a verlo- Y me dice....Usted es muy amigo del
embajador español no es así le
digo- así es general. Tome lea, lea lo que me
ha traído me dice- y me muestra la carta
que yo ya había visto. General le digo-
Franco es amigo suyo creo -dice- yo creía que
era amigo mío, usted es un metido. Le dice al
secretario léale a Jorge que es lo que le contesto
yo a Franco. Francisco Franco, Madrid España
-así terminante- Recibí la misiva traída
por su embajador donde solamente debo comentarle que
los problemas argentinos los resolvemos los argentinos.
Firmado Juan Perón.
Ni lo saludo ni gracias ni nada. Le dije- no mande esa
carta presidente no mande esa carta dice- Sí,
si yo estuviera en su lugar no la mandaría pero
si usted estaría en mi lugar la mandaría
le dije- no lo entiendo pero yo no la mandaría.
Es romper relaciones con un hombre que es amigo suyo
que está haciendo un ofrecimiento auténtico
y dice- No, es interesado qué va a ser
auténtico. Y le dije- con esto pierde un embajador
amigo porque este se va y no vuelve más. Y así
fue. Él le llevó la carta a Franco y Franco
le ordenó no volver más a la Argentina,
y estuvimos sin embajador de España durante un
año y medio.
Usted
participó en el intento de regreso de Perón
en 1964.
En
el avión veníamos Vandor, Framini, Iturbe,
Delia Parodi, Lascano, Perón y yo. Llegamos hasta
Río de Janeiro. Yo voy a verlo a Francisco Franco
y le pido autorización para que nos deje salir
en un avión de Iberia, y nos dice que sí
pero agrega: Hijo, yo no sé si a ustedes
les va a ir bien en este viaje. Yo creo que ustedes
tienen demasiada ilusión, pero si llega a ir
bien, cuando tú vuelvas seguramente te vamos
a condecorar por tu lealtad a tu amigo; pero si sale
mal, los vamos a expulsar a todos de España,
menos a Perón. A Perón no lo puedo expulsar
de España porque los españoles son capaces
de expulsarme a mí. Textuales palabras
del generalísimo Franco.
¿Y
qué pensaba hacer Perón si llegaba al
país?
Pensaba
quedarse. Yo había viajado a Uruguay y arreglado
con el gobierno de aquella época para que estuviéramos
unos días....Él tenía la ilusión
de que Illia cruzaría y vendría a darle
un abrazo y a proponerle un arreglo de conciliación.
Eso es lo que quería Perón, y libertad
absoluta después, para accionar, y un llamado
a elecciones definitivas y que gane el que gane.
¿Y
no hubo ningún contacto con Illia?
No.
El único contacto que hubo fue el pedido del
embajador para que nos fuéramos.
Usted
estuvo con Ernesto Guevara en España, en tres
oportunidades.
En
el ´59 yo fui a Cuba, él era presidente
del Banco Central y hablamos de la Argentina. Él
trabajaba de noche, de día descansaba porque
tenía sus ataques de asma. Bueno, en esa oportunidad
él estaba en antiperonista, no comprendía
a Perón, no lo entendía. La segunda vez
que nos vimos fue en Madrid. Y ya había cambiado
de opinión en forma total y absoluta ya era pro
Perón. Porque él había estudiado
a Perón y había visto las dificultades
que había tenido Perón en su vida política,
y las políticas internacionales que había
tenido que anfrontar para llevar a cabo una política
independiente, una política netamente nacional
¿Él
pensaba en Argentina?
Él
pensaba en Argentina. Bolivia era un paso.
Y
con respecto a Perón, él no quiso verlo.
¿Qué pasó?
No
me pidió verlo. Me preguntó muchas cosas
de Perón. Dio a entender con claridad que ahora
lo entendía a Perón, que entendía
la lucha de Perón, porque a ellos les había
tocado lo mismo. Es decir, no había duda de que
Perón se había ganado un lugar en la historia
del país y del continente, que ellos hubieran
querido que Perón viviera en Cuba. Yo creo que
Castro hizo mucho para que Perón fuera a Cuba.
¿Por
qué no fue?
No
fue porque Perón no era comunista, no quería
jugar la última carta.
¿Y
Perón sí lo quería ver al Che?
No
lo sé. Yo le comenté las dos veces que
lo había visto. Y me dijo: ¿Cómo
es? ¿Cómo es? ¿Cómo es?
Jorge Antonio, ¿qué piensa? ¿Es
un tipo inteligente? ¿No es inteligente?.
Le digo: Es muy inteligente y muy capaz.
Pero no le pregunté: ¿Usted quiere
verlo?.
Usted
compró Primera Plana a comienzos de los 70, y
se advierte que hay una especie de desplazamiento hacia
la izquierda, inclusive en sus editoriales. ¿Era
así, usted estaba cambiando la manera de pensar?
No,
no, era mi ideal. Yo dentro del peronismo estaba dentro
de la línea izquierdoide, siempre estaba en lo
mismo por eso me jugaron tanto con los montoneros. Yo
tenía más contacto con los montoneros
de los que tuvo Perón. Ellos venían a
verme a mí y venían a verme en cantidades.
Primera
Plana por aquel entonces era pro-montonera
Si,
efectivamente era pro-montonera. Un día me llaman
y me dicen: tenemos que tener un medio de comunicación
Jorge, tenemos que tener un periódico o una revista
haga un esfuerzo y saque una revista le digo yo-
como no, la vamos a sacar. Entonces me dicen em
Madrid hay un argentino que está acá que
tiene una revista y la quiere vender, se llama Gabrieli.
Bueno, la compramos y de ahí partió la
revista con una tendencia hacia la izquierda.
¿Como
fue la relación Perón-Montoneros?
Era
buena pero Perón los subestimó. Los subestimó
porque.... hay una anécdota muy buena....Un día
yo le digo a Perón en Madrid que él tiene
una reunión con unos 50 montoneros, estaba Vaca
Narvaja, estaba Perdía, estaba Firmenich creo,
estaba Galimberti... Entonces yo le dije, presidente
usted le promete muchas cosas a estos muchachos y después
va ser difícil cumplirles. Les prometía
de todo. Que en la lucha había que estar por
todos los medios y había que pelear contra todo
lo que opusiera al peronismo en la vida real del país.
Yo le dije: Cuando usted vuelva al país estos
muchachos van a querer mandar y me dice- cuando
lleguemos a la Argentina Jorge, que vamos a llegar no
tenga dudas, nosotros vamos a llegar y estos muchachos,
si se ponen duros, yo voy a darle un vaso de agua, micrófono,
les hablaré y les diré que se vayan a
su casa tranquilos y me dejen gobernar. Y quédese
tranquilo que van a cumplir. No van a cumplir le
dije- se le van a oponer y le van a hacer la vida imposible,
y acuérdese lo que le digo. Yo hablo todos los
días con ellos y hablo mucho y cuando quiero
persuadirlos de algo se encabritan y se ponen furiosos,
no admiten un diálogo, quieren mandar. Lo respetan
a usted, no se le oponen pero ellos quieren mandar.
¿Cuando
Perón se enteró de la muerte de Aramburu
¿qué le comentó a usted?
Las
pagó, textuales palabras. Yo lo llamé
por teléfono y el me dijo secamente las
pagó, Jorge
¿Usted
cómo se enteró?
Me
llamaron los muchachos a Madrid a la media hora de haberlo
matado
¿Y
a usted qué sensación le produjo cuando
se enteró?
Qué
le puedo decir, es un acto monstruoso me entiende. Yo
entiendo la justicia de otra forma pero de todas manera
Aramburu se las había ganado. Aunque él
no fuera culpable de muchas cosas apareció como
culpable de muchas cosas.
¿Y
cómo era su relación con López
Rega?
Fue
siempre muy mala. Pero hubo algo en lo que tuvo razón.
Cuando llegó a España me vino a ver y
me dijo: Mire, Jorge Antonio, no hay nadie que
tenga más influencia ante Perón que usted.
Y Perón lo respeta muchísimo. Pero de
ahora en más esa relación va a cambiar.
Va a ser de los tres: Isabel, yo y usted. Vamos a ser
los tres, vamos a trabajar juntos y vamos a controlarlo
a Perón, porque hay que controlarlo mucho, hay
que decirle que no debe recibir a alguna gente. Ni a
mucha gente sindical que es mala gente, que yo los conozco
perfectamente bien. Y yo le dije: Mire,
lo que usted me dice es una insolencia. Ni yo tengo
influencia sobre Perón, ni tengo nada que hacer
con ustedes. Me dijo: Se va a arrepentir
porque Isabel va a ser la que mande y el que manda a
Isabel soy yo. Y yo vengo a hacer un trato correcto
y usted me lo rechaza. Le digo: Se lo rechazo
y lo echo a la mierda ahora mismo. Mándese mudar
de acá. Y lo eché de mi casa.
¿Por
qué Perón se sometió a López
Rega?
No
lo quería, Lo despreciaba. Le resultaba útil
y complementario con su mujer. Con López Rega
se evitaba problemas con Isabel. Pero lo despreciaba;
decía: Este Brujo de porquería no
hace más que meterme en líos.
¿Perón
estaba al tanto del funcionamiento de la Triple A?
Sí
y no. Sí, porque se tenía que enterar,
y no porque no lo quería. Él no quería
esas cosas.
Pero
pasaban.
Pero
pasaban.
¿Qué
opinaba en la intimidad de los montoneros?
Él
estaba convencido de que los montoneros le iban a responder
siempre. Yo le aseguré que no. Porque yo tenía
mucho contacto con ellos, mucho más que él.
Él les daba directivas y ellos ante él
no se explayaban. Ante mí se explayaban con más
claridad. Había misiones que los montoneros cumplieron.
Yo le advertí a Perón: Mire que
esto es riesgoso. No le dé tantas alas en el
país porque usted después va a tener un
problema. Me dijo: No. Cuando lleguemos
al país, Jorge Antonio, acuérdese lo que
le digo, un día me sentaré en la Casa
de Gobierno, llamaré a la juventud, pediré
un vaso de agua y les diré que es lo que tienen
que hacer. Le dije: Ahí se va a llevar
la primera gran desilusión. Ahí se va
a llevar usted el primer susto que le van a dar la juventudes
actuales. Me dijo: No. Quédese tranquilo
que eso lo manejo muy bien.
¿Y
qué le comentó sobre el famosos 1º
de mayo de 1974?...
La
noche del 1º de mayo de 1974 me llama Perón
a Madrid y me dice: Lo felicito, Jorge Antonio,
ya se habrá enterado de lo que me hicieron los
imberbes. Usted tenía razón. Es mi deber
y obligación recordárselo y reconocérselo.
Usted los conocía mejor que yo. Le digo:
No es que los conocía mejor que usted.
Yo tenía más trato con ellos que usted.
Lo siento mucho. Ya me había enterado de
lo ocurrido porque lo comentaba la televisión
a cada rato en Madrid.
¿Por
qué cree que cambia esta relación y pasa
de la juventud maravillosa a los imberbes
y estúpidos?
Porque
los imberbes y estúpidos no le llevaron el apunte
a él.
¿En
qué sentido?
En
el sentido de que querían la revolución
y se la empezaron a imponer.
¿Por
qué no regresó con Perón en 1973?
Dos
razones. Era un pacto entre Perón y yo. Él
me vino a visitar y me dijo: Mire, Jorge, nosotros
nos vamos a Argentina. Si usted quiere venir, viene
por su cuenta. Por supuesto, tiene todo mi afecto y
todo mi apoyo. Pero yo temo que le hagan una perrería.
Lo de López Rega e Isabel es una cosa muy seria
y muy grave. Yo no estoy seguro si a usted lo van a
dejar vivo. Se lo digo con toda sinceridad y con gran
dolor. Yo no lo podré proteger. Éstos
a usted lo tienen en la mira. Le dije: Bueno,
yo tampoco quiero ir así, Presidente. No quiero
ir en condiciones de convertirme en un problema para
usted, que tenga que estar discutiendo a la fuerza con
López Rega o con Isabel. Yo ya era una
figura en el peronismo, así que le dije que no
debía preocuparse, que yo me quedaba y que con
el tiempo vería lo que correspondía hacer.
Y luego vine.
¿Perón
nunca le pidió ayuda frente al proceder de López
Rega?
Me
escribió una carta que me entregó su médico,
Flores Tascón, donde me decía: López
Rega ha enloquecido porque no hace más que crearme
problemas, Así le irá. Cuídeme
las cartas de Eva. Porque él me había
dejado las cartas que le había mandado Eva en
las últimas horas de su vida. Fue la única
correspondencia, y dos llamados por teléfono
preocupado por López Rega, preocupado por el
país. López Rega era un cáncer
que Perón tenía encima. Él sabía
que yo conocía todos los secretos.
¿Peró
sabía que se iba a morir en poco tiempo?
Sí
sabía.
¿Cuándo
lo supo?
Cuando
lo operaron de próstata él ya supo que
era una cosa que no tenía remedio y no le quedaba
mucho tiempo.
Volvió al país sólo para el entierro
de Perón.
Vine
para el entierro. Estuve unas horas. Me invitó
Franco a viajar en el avión oficial que trajo
a la comisión gubernamental encabezada por el
ministro de Defensa de España.
¿Usted
corría peligro?
Cuando
llegué, en el aeropuerto me estaba esperando
el general Carlos Dalatea, que había sido agregado
militar en España, y fuimos directamente al Congreso,
donde estaban velando a Perón. Estuve ahí
media hora y a la salida me despidió el general.
Quedamos en encontrarnos a la tarde en casa. Entonces
se acercó el comisario Margaride, que era jefe
de la Policía Federal, y me dijo: Mire,
Jorge Antonio, ¿usted se va a quedar en el país?.
Yo le dije: No sé. ¿Por qué?.
Y me respondió: Lo siento mucho. Le puedo
poner una custodia, le puedo poner dos miembros de custodia,
pero no le doy seguridad porque usted tiene enemigos
poderosísimos acá. Le dije: No.
Quédese tranquilo que yo no he venido para quedarme.
Ni siquiera he traído ropa para quedarme. He
venido a ver a mi amigo en su última instancia.
Así que le agradezco su deferencia, pero no.
¿Usted
le presento a Menem a Perón?
Así
fue. Menem viene a Madrid, va a Puerta de Hierro y López
Rega no lo deja entrar y no le consigue la audiencia.
Entonces, me viene a ver a mí cuando iba para
Siria con sus padres para casarse. Y me viene a ver
a mí y me dice que quiere verlo a Perón.
Sí como no, lo va a ver. Primero porque es peronista
y segundo porque es hijo de árabe igual que yo
y con mucho gusto le voy a conseguir la audiencia. Mañana
a las diez de la mañana le digo- estese
aquí que vamos a verlo a su casa.
Esa tarde vino Perón a mi oficina y le dije que
había venido un muchachito riojano que me parecía
inteligente, capaz y que se decía peronista a
ultranza. Que era jefe de la juventud peronista de la
Rioja.
Lo llevo yo y está tres horas con Perón.
Menem impresionó muy bien a Perón.
¿Qué
le dijo Perón después de la entrevista?
A
la tarde de ese día me llama por teléfono
y me dice: ese muchachito que estuvo esta mañana
Jorge se va pronto no? -y me dice- haga lo posible por
que se quede uno o dos días dice- me interesa
mucho hablar con él, me interesa que tengamos
otra charla. -y le digo- pero si yo le digo eso se queda
un mes. Bueno me dice- con dos o tres días
yo me conformo. Entonces lo llamé y le dije mire
Carlos, el presidente me dice que tiene interés
de seguir charlando con usted, así que si se
puede quedar uno o dos días.... Pero me
quedo un año dice- don Jorge por favor
con mucho gusto. Y al otro día se encontraron
a las cinco de la tarde en casa y estuvieron en mi oficina
hasta las nueve de la noche. Y al otro día se
volvieron a encontrar a las cinco de la tarde y volvieron
a estar hasta las nueve de la noche. Así que
Menem tuvo tres entrevistas con Perón.
Y Perón me dijo lo siguiente cuando me dijo que
lo hiciera quedar -me dijo- este muchacho tiene premio
¿Qué
quería decir con premio?
Que
era un tipo potable, que era un tipo que servía.
Esa era la opinión de Perón.
Fuente: "www.elhistoriador.com.ar"
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