|
El
Sur del Líbano fue liberado
Muchas veces desde estas páginas nos ocupamos
del tema, la prosa era un surco donde el deseo se volcaba
en la esperanza de que algún día se pueda
respirar con libertad.
Pasaron los años, y así como la maleza
se entretejía y fortalecía, la semilla
del deber ser también buscaba ganar espacio,
en su propio terreno, tratando de germinar y multiplicarse
en el medio.
Las aguas del Río Latani avanzaban lentas hacia
objetivos extraños y lejanos, la tierra libanesa
se resquebrajaba de sed, de justicia y los miles de
años de historia civilizadora eran tambores que
retumbaban con ecos de eternidad en los oídos
del pueblo libanés, recordando y aturdiendo con
un mensaje de siglos, que fueron una raza digna de hombres
sabios y guerreros que a pesar de las innumerables invasiones
sufridas, los extraños siempre se debieron marchar
de ese trozo de suelo árabe.
Ninguna labor es fácil ni sencilla, pero cuando
se hace carne en el pueblo, la pólvora es nutriente
desde el vientre de las madres, que dan a luz la dignidad
en forma de hijos, conscientes que están pariendo
soldados, por causa de la libertad, la justicia y la
paz. El Líbano amasó su propio pan, la
harina del sacrificio fue humedecida de lágrimas,
y fue energía y coraje, convicción y furia,
en la conciencia colectiva popular, de los que creyendo
en Dios, hicieron del Sur del Líbano, un campo
de batallas para medir fuerzas, con la Tercer Potencia
Militar del Mundo, que pretendía quedarse con
lo que NO ERA SUYO, por la fuerza de las armas,
el poder del dinero y la metodología más
bárbara de los tiempos modernos, la tortura legalizada
para los extraños, casualmente los combatientes
del Sur del Líbano o los Palestinos.
Esos "extraños" son los árabes,
son los libaneses que como pocos abrieron los brazos
generosos y el corazón, para que miles de palestinos
errantes y extranjeros en su propia patria, tengan un
lugar bajo el sol, en la tierra de Nahima, de Gibrán
y de los cedros milenarios.
HERMANOS, HERMANOS, me parece leer la mente y los pensamiento
libaneses cuando abrían sus fronteras para recibir
a los desposeídos, a los que huían de
Dheir Yasin, de Janá, ante la inmisericordiosa
embestida de los extraños vecinos, locos de poder,
ambiciones y dominios.
El Líbano fue y es una tierra lastimada, con
heridas que no logran cicatrizar, pero con una dignidad
muy poco común; bastó que una parte de
su población comience a tomar conciencia, tener
fe en Dios y seguir sus designios, para que cada mujer,
cada niño, cada anciano se convierta en soldado
de la causa de Allah, conscientes que su martirio los
dignificaría y elevaría hacia el Paraíso
Prometido, para ponerse a la par de los combatientes
y luchar en la medida de la posibilidad, convirtiéndose
en una fuerza monolítica y sistemática,
que con el paso de los años diezmó la
moral militar del enemigo ocupante, a pesar de sus aviones,
sus barcos, sus tanques, sus fusiles o bombas, irrumpiendo
en los hogares de las aldeas, lastimando y rompiendo
los cuerpos de los que vivían resistiendo y apoyando
la lucha armada.
Por los muertos de Sabra y Chatila, por los de Caná,
por los anónimos soldados y civiles, por las
mujeres y niños asesinados, por los jóvenes
combatientes, Mártires, nuestro reconocimiento
y homenaje.
La primera derrota militar de Israel en más de
50 años, es un triunfo árabe que quedará
para siempre como uno de los mayores logros de la lucha
popular, en lo militar, en lo social y en lo político.
Allahu Akkbar (Dios es el Más Grande)
Roberto Ale
|