HOME
 :: Regresar al Home
   ACTUALIDAD
 :: Cartas al Editor
 :: Colaboraciones
 :: Columnistas
 :: Entrevistas
 :: Noticias
 :: Opinión
 :: Salud
 ::Videos
   CULTURA
 :: Cultura Arabe
 :: Arte
 :: Etica
 :: Cocina
 :: Curiosidades
 :: Encuentros Culturales
 :: Espiritualidad
 :: Geografía y Ecología
 :: Grupos Folklóricos
 :: Historia
 :: Letras (cuentos, poemas)
 :: Medios de Comunicación
 :: Música
 :: Postales Islámicas
 :: Idioma:Iniciación
   SOCIALES
 :: Instituciones
 :: Nuevos Profesionales
 :: Nacimientos, Cumpleaños...
 :: Nombres Arabes
 :: Fotos recibidas
 :: Fallecimientos
 :: Búsqueda de Familiares
 :: Clasificados
 :: WEB Amigas
   HISTORIA DE FAMILIAS
 :: Libaneses
 :: Sirios
 :: Otros
   PERSONALIDADES
 :: Ingresar
   INDUSTRIA & COMERCIO
 :: Ingresar
   GUÍA DE PROFESIONALES
 :: Ingresar
   TURISMO
 :: América
 :: Medio Oriente
 :: Otros destinos
   CONTACTO
 :: Editor
   PUBLICIDAD
 :: Ingresar
   HOME
 :: Regresar al Home


PARA VER EL INDICE DE CARTAS AL EDITOR --------------->
Ver Indice de Cartas al Editor

Desafío y Respuesta - DEBATE ARGENTINO ARABE
Fuente: http://debateargentinoarabe.blogspot.com

El Creciente Fértil, eje principal de la política internacional, carece para los analistas internacionales de un nombre propio. No sólo su historia se ha tergiversado y su población ha sido objeto de tantas agresiones externas, sino hasta su nombre se ha borrado o se ha convertido en conflictivo. A través de la historia fue conocido como el País de Aram o el país de los asirios. Probablemente de estos últimos deriva su nombre más conocido por los historiadores, Siria, tal como lo menciona el mismo evangelio. Con este nombre los romanos lo convirtieron en su provincia predilecta. Los historiadores árabes lo llamaron también con el de Creciente Fértil por su forma geográfica y su tierra productiva. También lo llamaron Bilad el Sham (país de Sham). Todos ellos son nombres originarios que no contienen connotaciones colonialistas como lo son los términos de Cercano Oriente o Medio Oriente nacidos por arte del lenguaje colonial europeo.
El Creciente Fértil tiene una superficie mayor al millón de kilómetros cuadrados. Está poblado por una fusión muy especial de etnias que desde hace casi 1400 años habla la lengua árabe, habiendo hablado anteriormente y durante milenios el arameo, idioma universal de la antigua cultura del mediterráneo y más anteriormente el caldeo. En esta fusión participaron variados grupos humanos que habitaron la región desde el alba de la historia hasta la actualidad. Y no sólo intervinieron en esta formación sino que algunos de ellos subsisten en el tejido social en forma de pertenencias seculares y confesionales haciendo que la historia sea siempre un presente vivo, una interacción interminable, un proceso inconcluso que enriquece su cultura pero al mismo tiempo obstaculiza su cristalización y la formación de su identidad.
Hurgar en la historia de cualquier familia originaria del Creciente Fértil nos lleva indefectiblemente a descartar cualquier intento de sostener alguna pureza racial. Sumerios, asirios, babilonios, caldeos, acadeos, arameos, amoreos, hittitas, cananeos, fenicios, árabes, amén de una u otra influencia de los conquistadores de turno, participan todos en la composición de su ADN colectivo. Lo mismo sucede en sus creencias religiosas que se mezclan y se transforman a través del tiempo y las circunstancias pudiendo cualquier integrante de este pueblo, sea radicado en dicho país o emigrado, ser descendiente de una familia que confesaba la religión de Il, de Baal, de Merduk, de Hadad, de Cristo o de Muhammad.
Este es el pueblo del Creciente Fértil, tan diverso en su formación horizontal como puro en sus pertenencias y creencias verticales, tan heterogéneo en la superficie como homogéneo en sus raíces y su cultura. Donde las teorías racistas, étnicas o sectarias no resisten el menor análisis. Donde el fanatismo sectario religioso se convierte en autodestrucción. En implosión. Donde la negación de la interacción cultural histórica entre las distintas ramas del tejido social es una negación del mismo ser y de la misma identidad.
Este Creciente Fértil vive una actualidad por demás cruel e insólita. Fue y es el blanco preferido de los experimentos más patológicos del siglo pasado y del peor trato que se le puede brindar, al menos dentro los parámetros de la política contemporánea, a una región en cuyo seno vive un pueblo con todas las condiciones para no sólo ganar el respeto y la consideración de los demás pueblos, sino de ser un actor destacado en el concierto de las naciones.
Con un bagaje cultural espectacular, este Creciente Fértil detenta el hecho de ser cuna de las primeras civilizaciones humanas. En él se desarrolló la primera gran revolución universal, la de la agricultura. En él se registraron los grandes progresos culturales tales como la escritura, la filosofía, la mitología, la astrología, las ciencias, la medición del tiempo, la rueda, etc. hasta el concepto de la ciudad estado, la democracia, los parlamentos y demás aspectos de la organización social. Este Creciente Fértil fue escenario del primer choque con el Occidente de entonces – el Griego macedonio - luego el choque con el Occidente Romano, y fue luego, con el surgimiento del Islam, y el traslado inmediato de su conducción de la península arábiga a Damasco y luego a Bagdad, el centro de un vasto imperio, que devino en una interacción cultural espectacular con el Occidente Medieval en el cual su gran influencia aún perdura en la cultura europea y, a partir de España, y en el Nuevo Mundo. Inclusive, en los choques menores que registró la historia entre esta región y el Occidente de turno, tales como las guerras púnicas entre Cartago y Roma, y las guerras cruzadas, las consecuencias terminaron siempre en demostrar la gran capacidad civilizadora de este Cercano Oriente y su íntima convicción de dar y recibir en pos del bienestar general y el progreso de la raza humana.
Todos estos choques se debieron a intereses intrínsecos tanto de una como de la otra parte. Intereses de tipo cultural, comercial, religioso, de dominio, de poder, o de reparto. Sin embargo desde principio del siglo pasado, el siglo veinte, comenzó a desarrollarse un nuevo choque entre occidente y este Creciente Fértil cuyas características difieren totalmente de todos aquellos choques anteriores por cuanto no responde ni a los intereses de uno ni a los intereses de otro. Occidente, representado en las potencias europeas, procedió a principios del siglo pasado a marcar el rumbo de esta nueva y atípica ronda entre las dos partes. Una parte agredida que es el Creciente Fértil y la otra parte agresora cuyo centro occidental va oscilando y cambiando desde Inglaterra y Francia hasta terminar en territorio norteamericano con ramificaciones por todas partes.
Occidente inició a principios del siglo veinte un nuevo choque con el Creciente Fértil que nada tiene de parecido con los anteriores choque históricos desde la invasión de Alejandro, luego la romana, luego las cruzadas.
Al finalizar la primera guerra mundial, occidente traicionó a su aliado, el Creciente Fértil, que había aportado ejércitos y sangre a la lucha contra el imperio turco o otomano aliado de Alemania en aquella contienda. Las potencias vencedoras en vez de castigar al enemigo y beneficiar a su aliado procedieron a preservar la integridad de Turquía, a consolidar su economía y a premiar su enemistad con una porción de territorio sirio – el de Alejandretta  y Cilicia – cuya superficie equivale con sus territorios adyacentes a toda la república árabe siria, y a partir del cual Turquía domina estratégicamente el territorio sirio, el curso de las aguas del Eufrates y el Tigris que constituyen un mar de fondo para un futuro e inevitable conflicto de grandes proporciones.
Dicha traición se hizo más patente aún a través de un inexplicable acuerdo franco inglés conocido como el acuerdo de Seykes – picot que impidió la unificación de este Creciente Fértil – tal como reclamaba su población - y condujo a su posterior división y mutilación. A este acuerdo le siguió el Mandato Bipartito franco - inglés que se dedicó a lo largo de un cuarto de siglo a intensificar los intentos de formar estados confesionales a lo largo y lo ancho de esta región, a elevar los muros de separaciones sociales y políticas como también a continuar mutilando territorios con la entrega de la región de Arabistan en 1925 a Irán que fue foco de conflicto posterior e inconcluso entre Iraq e Irán, culminando este proceso de usurpaciones y mutilaciones en 1948 en la entrega de Palestina, ya no a una potencia vecina, sino a miembros de organizaciones de distintas nacionalidades cuyos dos únicos denominadores comunes eran confesar la religión judía y argumentar que la única solución a lo que se conoció como la cuestión judía es constituir un estado teocrático íntegramente judío justamente ahí en el Creciente Fértil, extendido según estas organizaciones hasta el Eufrates en Irak. Allí empieza la actualidad del Cercano Oriente. Un comienzo inesperado con un fin impredecible.
Por primera vez en la historia, Occidente declara su enemistad al Cercano Oriente sin que medien intereses propios y sin que haya motivaciones y provocaciones del otro lado.
Nada vale hurgar en la economía, la política, la cultura, en el pasado o en el presente para poder explicar el porqué de este choque o esta enemistad de Occidente hacia el pueblo del Creciente Fértil que se materializó en las divisiones y mutilaciones a partir de 1920, hasta la bárbara e ilegítima partición de Palestina y las sucesivas y correlativas guerras de 1956, 1967, 1973, 1978, 1982, 1991, 2003, 2006, 2007, pasando por incursiones, bombardeos y asesinatos. Más inexplicable aún se torna esta enemistad si se toma en cuenta que toda esa hostilidad se llevó a cabo al momento en que los estados del Creciente Fértil era aliados de Occidente, tanto en la primera guerra mundial, o en segunda guerra mundial, o durante las cinco décadas que duró la guerra fría al constituir un muro natural – religioso, social y político – ante el avance del comunismo.
A partir de la alianza de los centros de poder de Occidente y la organización sionista podemos entonces, y sólo entonces, entender el porqué de esta enemistad. Así, podemos entender las causas de estas alianzas no correspondidas por occidente que, primero, convirtió al Creciente Fértil en merecedor del Mandato franco - inglés y a su pueblo en incapaz de autogobernarse, luego en merecedor de la partición de Palestina y la expulsión de millones de personas en la movilidad social más dramática que presenció el mundo moderno, y posteriormente en un sinnúmero de guerras y aniquilamiento masivo e invasiones. Inclusive, y por esta alianza, al finalizar la llamada guerra fría, este occidente se apresuró en forma inmediata a inventar una fantástica guerra contra el Islam, haciendo que este “nuevo enemigo” esté justamente allí, en el Creciente Fértil o relacionado con él y con sus causas, dejando por supuesto, al Islam turco, pakistaní, o de los países africanos, o el de las ex Repúblicas soviéticas o el de Indonesia fuera de esta clasificación. Nada al azar. Es el Creciente Fértil donde se está llevando a cabo el experimento sionista, y justamente allí debe estar el enemigo, llámese como quiera y sean lo que sean las circunstancias.
“De todas formas, te voy a comer” le dijo el lobo a la oveja en la fábula de la Fontaine. Y por más que este Creciente Fértil trate e intente, por más que cambien las circunstancias históricas y la política internacional, Occidente tiene el diccionario muy a mano como para cambiar la etiqueta del conflicto, a fin de preservarlo y continuarlo. Resultado de este conflicto, un atraso económico producto de la imposición de continuas guerras que consumen la mayor parte del Producto Interno de la Región y millones de muertos, desplazados y refugiados en el Líbano, Palestina e Irak; y una continua insistencia a inducir los problemas étnicos y religiosos.
A toda vista, el eje del nuevo choque que inició Occidente a principios del siglo pasado pasa por Palestina. Es inadecuado comparar cualquiera de los otros focos de conflictos con el conflicto iniciado en Palestina, aunque siempre es útil considerar dichos focos a los fines geopolíticos correspondientes como herramienta complementaria y accesorios indispensables del mismo. Todo cuanto se hizo desde Saykes – Picot, la declaración de Balfourt, el vaciamiento institucional, el desmembramiento, las mutilaciones geográficas, la invención de estados confesionales, etc… desembocó en la partición de Palestina en 1948. Todo lo que se hizo durante la guerra fría, desembocó a favor del proceso del afianzamiento de la usurpación de Palestina. Todo lo que está haciendo Occidente ahora son actitudes satélites que giran alrededor de lo que sucede en Palestina y la futura expansión del sionismo.
Los menos de 50 millones de personas que habitan el Creciente Fértil son el problema de occidente. Son la reencarnación del mal y merecedores de un ataque con bombas atómicas como sugirieron algunos de los pseudo intelectuales en occidente. Allí, Occidente se declara enemigo de sus aliados naturales que le proveen de petróleo, mercados de consumo, mercados de capitales. En nombre de las libertades aceptó el surgimiento de un estado teocrático. En nombre de los derechos humanos mantuvo y mantiene en condiciones infrahumanas a millones de personas durante más de medio siglo. En nombre de la paz mundial apoyó y/o provocó todos cuantos conflictos y enfrentamientos pudo en esta región. Este Occidente, en aras de lavar su culpa por haber discriminado a los judíos durante siglos está totalmente subyugado y dominado por el poder del sionismo.
El Creciente Fértil ante un enorme desafío. Allí se ha dado lugar hace casi cien años a un conflicto importado que tiene todas las características de ser una guerra de existencia. No parece una guerra de fronteras ni mucho menos un conflicto de disputa sobre la soberanía de una medianera como les gusta a algunos. Desde su fundación, el sionismo ha rechazado trazar una frontera del conflicto que él había iniciado. No las trazó en el terreno geográfico conquistado en Palestina. No las trazó en ningún marco comunitario. Sostiene derechos fantasiosos. Reclama un pasado inexistente. Pretende que el conflicto sea global y sin fronteras.
Sin embargo la respuesta a este desafío aún no se ha vislumbrado. Una respuesta que debe ser superadora y creadora de nuevas condiciones que pongan fin al conflicto haciendo valer la condición del Creciente Fértil como síntesis de culturas y punto convergente por excelencia de la historia humana. Peor aún, ciertos sectores del pueblo del Creciente Fértil han caído en una suerte de contagio del pensamiento confesional discriminatorio del sionismo a causa de la desesperación de poder sobrevivir a esta demoledora invasión, lo que los llevó en los últimos tiempos a refugiarse en la respuesta religiosa a un problema de índole cultural nacional por excelencia. Ayudó a este proceso el fracaso de la época de las masas y las corrientes demagógicas arabistas que caracterizaron la respuesta durante gran parte de las primeras décadas del conflicto desatado en Palestina y el fracaso de los estados políticos en responder a las demandas del pueblo en recuperar su destino y su soberanía y progreso. Así, fueron surgiendo, probablemente por contagio del fundamentalismo judío, probablemente por el desastroso desenlace de tantos años de sufrimientos y postración, actitudes de sectarismo y fundamentalismo religioso que se manifiestan cada vez más en la ausencia de una pertenencia nacional y en el crecimiento de pertenencias religiosas que al proyectarse hacia el campo político terminan justificando al sionismo como movimiento fundamentalista religioso y acaban convirtiendo la resistencia del pueblo de la región ante este conflicto en mera defensa de símbolos metafísicos.
La cuestión palestina no es una cuestión religiosa porque nada tiene que ver en ella el cristiano canadiense, ni el musulmán turco, ni el judío argentino. Es falso sostener que hay una guerra de religiones en la región del Creciente Fértil. Empero, es cierto que se intenta convertirla en una guerra religiosa a fin de movilizar a todo Occidente detrás del proyecto sionista, tratando por todos los medios de falsificar los textos y las creencias a fin de crear un escenario donde aparece el judaísmo muy ligado al cristianismo, y ambos, en una suerte de infundada cultura judeo-cristiano, enfrentan al Islam después de haberlo puesto en forma arbitraria en la vereda de enfrente.
Lo cierto es que, una vez fracasado el nacionalismo árabe en su proclama de unidad del golfo hasta el Océano, una vez fracasado el estado tradicional que no pudo recuperar los derechos ni asegurar el progreso ni las libertades a sus ciudadanos, una vez fracasados todos los procesos de pacificación y de recuperación de los derechos nacionales y elementales de las víctimas de la partición de Palestina y de las posteriores expansiones sionistas, tanto en Palestina, como en Siria y el Líbano, algunos grupos desesperados en imaginan que una respuesta adecuada al desafío planteado es convertir esta lucha en religiosa y así lograr movilizar- aunque en la teoría- a todo el Mundo Islámico para frenar esta embestida. Si el sionismo es, a grandes rasgos un producto del fundamentalismo religioso y racista de occidente, el fundamentalismo islámico, que proclama una imaginaria guerra contra los infieles, es un producto de ese mismo sionismo. Todos ellos se alimentan y se justifican en un círculo vicioso que desemboca en fortalecer aún más el proyecto expansionista a partir de Palestina.
En este marco de los contagios y la transmisión de los problemas surgidos a partir de la constitución de un estado confesional judío en Palestina, se intentó y se intenta permanentemente también formar estados confesionales en el Creciente Fértil, todos ellos de inviabilidad notoria, pero sirven de contexto que puede desembocar en un mosaico de estados religiosos gobernados por el más fuerte de entre ellos, aquel que ya ostenta la bomba atómica y el de mayor fuerza militar y tecnológica.
La experiencia vivida en el Líbano durante los últimos veinte años se enmarca dentro de estas intentonas, que incluyen también proyectos aún no descartados, tales como el estado Kurdo al norte de Irak, un estado sunnita en el centro del mismo, otro chiíta en el sur, y la expulsión de los palestinos hacia fronteras lejanas en Iraq que algunos proponen que sea el norte del mismo, otros que sea el sur, dejando latente la idea de asentarlos definitivamente en los lugares donde conviven con la miseria desde hace más de medio siglo, además de los proyectos de un posible nuevo medio oriente donde no quedará ningún estado árabe a salvo. Todo ello con el fin de mantener al estado judío, judío.
Sin embargo, la historia nos enseña que todos los intentos en este sentido han terminado en el cesto de la historia. La república alawita en el norte de siria sobrevivió tres meses, un proyecto para la creación de una república autónoma para los drusos en el Golán y Yabal El Arab provocó la ira de los mismos y el inicio de la Gran Revolución Siria en 1925 que el mandato francés tardó dos años en aplastar después de archivar su proyecto.
El mismo estado sionista, teocrático, discriminatorio, sectario, surgido sobre la violación de los derechos humanos, que prohíbe la circulación del evangelio que tanto Occidente dice defender, que impide las celebraciones cristianas, que rechaza las normas de convivencia internacional, también tenderá a fracasar. Fracasará porque al querer ser la solución al problema de las persecuciones contra los judíos en el mundo terminó persiguiendo a otro pueblo. Quiso combatir la discriminación, y practicó la discriminación. Quiso traer paz a los judíos que logró engañar y terminó trayendo guerras y muertes a cercanos y lejanos. Eligió al único pueblo que había cobijado a los judíos a través de la historia para practicar en su gente la peor de las masacres y destrucciones.
Más aún, hoy pretende como antaño, extender las fronteras del conflicto a todas partes del mundo con más vehemencia y dedicación. El proyecto expansionista del sionismo requiere de los recursos humanos. Y la masa donde puede el sionismo reclutar estos recursos se encuentra en los adeptos a la fe judía. Y hacia esa masa se dirige la nueva etapa del sionismo para equilibrar la composición demográfica en el Creciente Fértil y justificar la no aceptación del retorno de los refugiados palestinos. Con engaño y prédica maliciosa, promete a los judíos de todo el mundo un porvenir mejor en tierra palestina. Y para lograrlo ha ampliado las fronteras del conflicto haciendo creer a los inocentes, a los gobiernos, a los grupos influyentes y a través de los medios de comunicación que las nuevas fronteras del conflicto ya no son las fronteras del 48, del 56, del 67, del 73, del 82, de los acuerdos de Oslo. Ahora las fronteras se han globalizados. Es una lucha universal entre el bien y el mal. Y paradójicamente, estas fronteras ya están en las calles de Buenos Aires planteando la vieja teoría de amigo – enemigo atentando contra el tejido mismo de las sociedades occidentales donde viven millones de descendientes del pueblo del creciente Fértil que serán un blanco de los proyectos de divisiones que mutilaciones practicadas y a practicar en su madre patria.
Todo seguirá de esta forma mientras el Creciente Fértil no responda al desafío como se debe, con una estrategia común, con la construcción de una nueva sociedad laica, justa, libre, soberana y unida, derribando los muros levantados por el colonialismo y liberando las fuerzas profundas de su pueblo para pasar de ser un consumidor de las decisiones internacionales a ser actor y hacedor de las decisiones que hacen a su destino.


--
Debate Argentino Árabe
http://facebook.com/debatea
http://debateargentinoarabe.blogspot.com  

 



|
|
|











Ir al sitio web





Sergio Sale - Productor de Seguros




© 2003 - Santa Fe Planet - Creative Workstore
Free counter and web stats