ARTE
CALIGRAFICO ARABE - EL ORIGEN DE LA PALABRA.
Fuente:
RICARDO PANIZZA
El
origen de la palabra castellanizada de origen griego,
caligrafía, se deriva de dos palabras de este
último idioma kalos kalos ) bueno, y grafo
(grafo) escribir. En el idioma árabe existe una
manifiesta diferencia entre ambos vocablos, puesto que
el verbo kátaba enuncia,
en infinitivo arábigo 3ª persona
masculino singular, tiempo pasado el mero acto
de escribir, en cambio, khatat no sólo
implica la acción de escribir, sino que nos habla
de alguien que realiza dicho acto, no solamente buscando
la bella escritura, sino transformando la misma en arte.
Entramos ya en un concepto de nivel superior a la escritura
por sí misma, concepto de significado múltiple
y que en idioma castellano se ha dado en denominar arte
caligráfico árabe. Es decir, que
dicha acción supera al de bella escritura, e
implica un estado de intencionalidad al cual se le suma
un nivel de conciencia más elevada que el mero
acto de escribir .
FUENTES HISTÓRICO-CULTURALES
Para una mayor comprensión de todo aquello que
se dirá, es necesario ubicarnos históricamente
en la península arábiga antes del advenimiento
del Islam (ca. 1400 AD). Debemos entonces localizar
la aparición de la caligrafía árabe,
para mayor claridad del hecho, en un contexto de tiempo,
lugar y gente. Antes de la aparición del Islam,
los pueblos que habitaban la península arábiga
estaban dominados por el politeísmo y la idolatría.
Fuentes históricas describen esa época
como un período de franca decadencia cultural,
al cual se sumaba el paulatino deterioro de las costumbres
morales y espirituales.
Dicho deterioro se detiene con la llegada del Islam,
y es así que, a partir de ese momento, comienza
una ascensión moral, lo cual trae aparejada una
definida consolidación cultural de la cual la
caligrafía, también llamada arte mayor,
es una muestra.
En concordancia con los nuevos preceptos de la unidad
divina, y a los efectos de erradicar definitivamente
la idolatría del pueblo árabe, el nuevo
mensaje profético establece la prohibición
de la adoración de cualquier tipo de representación
figurativa, es por ese motivo que la caligrafía
resuelve, la tensión existente entre representación
y abstracción ofreciendo en los lugares santos
un substituto de dicha decoración.
Lo expresado en el párrafo anterior no invalida
la existencia de estatuas o la no representación
gráfica de figuras, puesto que las mismas pueden
ser apreciadas en los numerosos ejemplos que nos ofrecen
aquellas realizadas por la maestría de pintores
de diversos países islámicos, en especial
Turquía y Persia. La sutileza de la propuesta
espiritual se basa en la no asociación de ninguna
figura o representación, con la divinidad, a
efectos de que el hombre no traslade el prístino
sentimiento hacia su Creador y lo reemplace por alguna
figura o imagen de cualquier naturaleza y concluya por
adorar o reverenciar a esa representación.
Al tener que expresar la palabra divina, la caligrafía
comienza tempranamente a transformarse en un medio gráfico
de incomparable plasticidad y belleza, al mismo tiempo
que impacta el alma del creyente por la calidad del
mensaje.
La expansión del Islam a otros pueblos no árabes
posibilita también a éstos últimos
el uso de la grafía arábiga, es así
que vemos brillar en Persia y Turquía la maestría
de grandes calígrafos que embellecen cada dia
más el trascendente y universal mensaje del sagrado
Corán. Turquía descolló superlativamente
en este aspecto, pues tuvo en la época de esplendor
del Imperio Otomano, la escuela de maestros calígrafos
más importante que se tenga memoria.
Puede no conocerse la escritura, pero las variadas formas
y combinaciones que puede adoptar la misma, no dejan
de asombrar por su equilibrio y sentido estético,
dichas características trascienden el mensaje
más allá de su significado literal, poniendo
en resalto su armonía, belleza y sereno ordenamiento
plástico.
El arte caligráfico árabe impacta al ser
humano en tres puntos: la vista dado la
plasticidad del los grafismos , el intelecto
si es que la persona conoce la escritura y entiende
su mensaje , y finalmente el ser esencial
memoria de la divinidad y recuerdo del lugar
de origen , por el sentido interno del mensaje
exhibido y sus implicancias no concientes, que tal como
un diapasón, resuena a frecuencia determinada.
Si la persona que observa un trabajo caligráfico
no ve nada más que la función estética,
por el desconocimiento del idioma y las letras, el resultado
interno es el mismo, porque todas las almas tiene un
único lenguaje.
Estudios realizados determinan que la escritura árabe
existía antes del Islam. Sus dos formas primarias
son: una ligera y cursiva la cual da origen al estilo
"naskhi", la otra angulosa, hierática,
la cual será llamada más tarde kúfica.
Los primeros árabes aprendieron la escritura
cursiva del pueblo nabateo, en la región de Hourán
en Siria. El estilo kúfico se origina en la escritura
siríaca. Los árabes pre-islámicos
llamaban a esta escritura "hiri", según
el nombre de su ciudad, Hira, en mesopotamia. Muy pronto
los musulmanes construyeron la ciudad de Kufa y a partir
de ese momento la escritura se llamo "kufi".
Debemos
hacer aquí una aclaración, existen numerosas
lenguas no árabes, que utilizan o utilizaron,
el alfabeto que nos ocupa, tal es el caso del persa,
varios dialectos del Africa, de la India, de Indonesia,
de China, esto mismo sucedió con el idioma turco
hasta 1929 fecha en que fue reemplazada por la escritura
latina.
Vale
la pena recordar que cuando se produjo la expansión
del Islam, fue necesario utilizar un medio de comunicación
a grandes distancias que fuera comprensible para todos,
en ese punto comenzó a sistematizarse la grafía.
Los estilos caligráficos son numerosos, pero
cabe destacar seis principales
Thuluth,
Naskhi, Muhaqqaq, Rayhani, Riqa, Tawqi.
Estos
estilos fueron y son llamados con el nombre de al aqlam-as-sittah
en lengua árabe y shish-qalam
en lengua persa, y cuya traducción es: las seis
plumas o los seis estilos. la palabra qalam
tiene como equivalente castellano cálamo, lo
cual equivale a instrumento de escritura.
Agregaremos además, que las letras deben adaptarse
a los diversos y siempre rigidos patrones arquitectónicos
establecidos por quienes construyeron las mezquitas
y edificios. Vale decir, que en este caso también
podemos encontrar una analogía con el ser humano,
el cual debe de adaptarse, flexibilizando su accionar,
a las rigidas condiciones que establece la inexorabilidad
de su transcurso por la vida.
La actividad de la escritura en aquellos pueblos, que
por diversas razones, adoptaron como propia los caracteres
árabes, era una actividad sagrada, actividad
que plasmaba armoniosamente las letras para transmitir
el mensaje revelado. Los maestros calígrafos
formulaban su invocación intencional de trabajo
con el lenguaje del corazón y la respuesta les
llegaba también al corazón con el lenguaje
propio. Esos maestros eran expertos en la preparación
de las fórmulas de sus tintas y del corte de
sus cálamos, asi también en el conocimiento
de los numerosos estilos caligráficos. Algunas
fórmulas para el preparado ce las tintas subsisten
hasta la fecha, otras se han perdido. Entre esos maestros
prevalecía la cooperación mutua, intercambiaban
sus técnicas sin que por ese motivo ninguno de
ellos perdiera su estilo. Subordinaban la humana apetencia
de voracidad y prestigio personal, a la obtención
de un logro mayor, es por eso que los trabajos se ejecutaban
con un vuelo muy alto y una gran exquisitez. Se dejaba
de lado la competencia porque ¿quién podía,
puede y podrá competir con la obra del Creador?.
Allí, en ese exacto punto se abre la puerte de
la fe y se experimenta la intrascendencia humana.
La
única competencia válida es con uno mismo.
Los
trabajos eran alabanzas para y hacia el Unico. Era y
es imposible conocer la profundidad de los conocimientos
de esos maestros, sólo nos es dable conocerlos
a través de sus obras. Es axiomático que
aquel que invierte su energía en lo intrascendente
obtiene el rédito proporcional a su inversión.
Estos grandes maestros invertían su energía
en valores altísimos y proporcionalmente obtenían
sus resultados. Su disposición al trabajo se
basaba en un sencillo contacto con la vida y una gran
fe en la tarea emprendida.
COMPOSICIÓN
DEL ALFABETO ÁRABE
El alfabeto árabe consta de 28 letras y un fonema,
algunas letras poseen sonidos que, para el hispanohablante,
son difíciles de pronunciar.
La escritura tiene una letra madre que actúa
como módulo en la formación y proporciones
de las restantes letras. Dicha letra es la primera del
alfabeto, su nombre es al-alif, la cual
es representada por un trazo vertical (|) representando
la misma el sonido de nuestra "a", actuando
en otros casos como soporte de otras letras.
Esta es la única letra que, con algún
detalle, citamos en este trabajo, dado que el mismo
no es la enseñanza del alfabeto sino la explicación
de características generales de un arte mayor
- tal como ha sido y es considerado - que ha embellecido
palacios, escuelas, mezquitas esparcidos por la superficie
terrestre, allí donde quiera que la grandeza
de la cultura islámica se hizo presente. No es
posible explicar la totalidad del alfabeto en el poco
espacio del que disponemos, tampoco sería procedente
intentar mostrar en detalle la aplicación de
las vocales cortas y otros signos que hacen a la ortodoxia
de la escritura del idioma que nos ocupa, pero de todas
formas ofreceremos una idea básica.
La grafía arábiga se escribe de derecha
a izquierda, desde la razón hacia el corazón.
El alfabeto tiene cuatro posicionamientos para las 28
letras que lo componen, a saber:
- Inicial,
vale decir, al comienzo de la palabra.
- Medial,
en medio de palabra, cuando se une, antes o después,
con otras letras.
- Final,
tal como su nombre lo indica, al final de una palabra.
- Aislada,
cuando la letra se muestra sola, sin formar parte
de palabra alguna.
Las formas gráficas de las letras pueden ser
reducidas a 18, las cuales con el agregado de puntos,
sobre o debajo de algunas de ellas, completan la totalidad
del alfabeto. Es tan sólo con eso, una línea
y puntos que se gestó la extraordinaria belleza
de una grafía difícil de superar en cuanto
a flexibilidad, plasticidad y capacidad de adaptación.
Precisas
reglas determinan las formas de unión de las
letras entre si, reglas que históricamente comienzan
a ponerse en practica en el primer siglo de la hejira.
Es así que el maestro Abou-al-Aswad-ad-Douali,
adjunta al signo de representación de una letra
un punto rojo posicionable, que representa la vocal
breve y el signo llamado "tanwin" o terminación
indefinida del sustantivo.
Posteriormente,
dos de sus alumnos, Nasr-ibn 'azim y Yahya-ibn-Yamour,
establecen un sistema de puntos diacríticos que
diferencian los signos de base, los cuales son usados
hasta la fecha.
Desde
siempre se ha considerado a la caligrafía como
parte del camino espiritual.
Antes
de cerrar este trabajo hacemos lugar a una reflexión.
Quien
enseña caligrafía árabe debe de
ejercitar constantemente, tres estados fundamentales
en su interior,
La
paciencia, al tener que construir un nuevo lenguaje
interno en quien no sabe.
La
generosidad, pues debe darle todo a su discípulo
sin guardar nada para si.
La
humildad, al intentar conseguir que el alumno
supere a su instructor.
Sólo
la maestría del alumno pone en evidencia la calidad
de su instructor.
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