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Oriente Próximo se moviliza para evitar una nueva crisis en Líbano
Fuente: ANA CARBAJOSA | elpais.com
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El rey saudí Abdulá, el presidente libanés, Michel Suleimán, y el presidente sirio, Bashar al Assad, durante su encuentro en Beirut.- REUTERS |
La de esta tarde ha sido una muestra de unidad árabe sin precedentes en Oriente Próximo. Se trata de evitar una nueva crisis interna en Líbano, donde las filtraciones sobre el dictamen del tribunal internacional que investiga el asesinato del primer ministro Rafiq Hariri amenazan con dinamitar una estabilidad cosida con alfileres. La magnitud del desafío propició el frente común de dos compañeros de viaje poco habituales: Siria, aliado de Hezbolá el gran partido-milicia chií que respalda Irán, y Arabia Saudí, país guardián de las esencias suníes y socio del primer ministro libanés que cuenta con el apoyo estadounidense. El presidente sirio, Bachar El Asad y el rey saudí, Abdalá bin Abdelaziz, han viajado juntos hasta Beirut para tratar de calmar los encendidos ánimos libaneses. La visita, de apenas seis horas de duración ha sido calificada de "excelente" por las autoridades libanesas, que temen, como el resto de la región, el brote de nuevos enfrentamientos armados en el dividido Líbano.
"Los líderes recalcaron la importancia de la estabilidad, el compromiso [libanés] de no recurrir a la violencia y de situar al país por encima de los intereses sectarios", ha indicado en un comunicado la oficina del presidente libanés, Michel Suleiman al término de esta visita preventiva. Además del encuentro con Suleimán, el monarca saudí ha visitado la residencia del primer ministro Hariri donde se entrevistó con miembros de su partido mientras El Asad se reunía con miembros de Hezbolá en el Gobierno.
El tribunal internacional puesto en marcha por Naciones Unidas, que investiga la muerte del primer ministro Hariri en 2005 no se ha pronunciado aún sobre la posible autoría del asesinato. Pero supuestas filtraciones y una avalancha de rumores han bastado para desatar un nerviosismo político que los analistas temen pueda desembocar en una nueva crisis intersectaria y en un ciclo de violencia como el que en 2008 dejó las calles libanesas regadas de cadáveres. Los rumores responsabilizan a Hezbolá de la muerte del primer ministro suní, y exculpan a Damasco, hasta hace poco sospechoso habitual en el crimen que provocó la retirada Siria de Líbano después de casi 30 años de tutela político-militar. La televisión israelí identificó incluso el pasado jueves por la noche con nombre y apellido a uno de los supuestos culpables. Según los israelíes se trataría de un primo y cuñado de Imad Mugniyeh, jefe militar de Hezbolá, asesinado hace dos años y medio en un atentado con coche bomba en Damasco y del que Israel se congratuló sin confirmar ni desmentir la autoría.
Hassan Nasrallah, líder máximo de Hezbolá prepara el terreno desde hace semanas ante un posible dictamen judicial. Nasrralah dedicó su última aparición televisiva hace poco más de una semana a cuestionar la legitimidad del tribunal internacional con sede en La Haya, que considera parte de un complot israelí y a advertir de que no piensa acatar las decisiones que emanen de esta institución. "Fui informado personalmente por el primer ministro Saad Hariri antes de su viaje a Washington [el pasado mayo] que el tribunal acusará a algunos miembros sin disciplina [de Hezbolá]", declaró Nasrallah en su intervención televisada. Y añadió: "mientras la investigación no contemple la posibilidad de una implicación israelí, la consideraremos tendenciosa".
Saad Hariri pidió el pasado sábado calma, tras las declaraciones de Nasrallah. "Hay algunos que temen e incluso esperan que el caso del asesinato [de su padre] desate una crisis libanesa o una lucha entre confesiones religiosas", dijo Hariri durante una conferencia a los miembros de su partido. "Se están produciendo intentos de organizar campañas para sembrar confusión y miedo en las mentes de los libaneses[...]. Nosotros llamamos a la calma".
La implicación de miembros de Hezbolá en la muerte de Rafiq Hariri supondría para Líbano además un dilema político con difícil solución. El partido chií, dotado con una milicia que se estima más poderosa que el Ejército nacional, es un componente esencial del Gobierno de unidad libanés que lidera Saad Hariri, hijo del difunto primer ministro y firme defensor de los trabajos del tribunal internacional. Temen los observadores que la ruptura del Ejecutivo venga acompañada de nuevos choques entre suníes y chiíes y de una posible extensión por contagio del conflicto nacional a toda la región. |